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Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una "y griega". Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus "y griegas" a que me lean y me escriban.
Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Enero,6,2009

Yo no había nacido cuando en abril de 1961 se declaró el carácter socialista del proceso cubano. “Esta es la revolución socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes…” anunció Fidel Castro cerca de las premonitorias puertas del cementerio de Colón. Muchos que lo escucharon, jubilosos y optimistas, suponían que el primer propósito revolucionario sería que dejara de haber gente humilde. Con esa ilusión, salieron a defender un futuro sin pobreza.
Al observar a los actuales destinatarios de lo anunciado hace casi cincuenta años, me pregunto cuándo la prosperidad dejará de verse como contrarrevolucionaria. ¿Querer vivir en una casa a la que el viento no logre arrancarle el techo dejará de ser -algún día- una debilidad pequeño burguesa? Todas las carencias materiales que percibo cuestionan el sentido de este colosal vuelco en la historia del país, sólo para que dejara de haber ricos, al precio de que hubiera tantos pobres.
Si al menos fuéramos más libres. Si todas esas necesidades materiales no se plasmaran también en una larga cadena que hace a cada ciudadano un siervo del Estado. Si la condición de humildes fuera una elección voluntariamente asumida y especialmente practicada por quienes nos gobiernan. Pero no. La renovada exaltación de la humildad lanzada por Raúl Castro este primero de enero nos confirma lo aprendido en décadas de crisis económica: que la pobreza es un camino que lleva a la obediencia.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Enero,5,2009

La octava gotera que apareció en el comedor te llevó a aceptar una misión como médico a Venezuela. Sabías que con el salario de cada mes nunca hubieras podido tirar la placa y reparar las desgastadas columnas. Así que la reventa de algunos electrodomésticos comprados allá te ayudaría a completar el costo del cemento y las cabillas. En La Habana, una cuenta bancaria iría aumentando con los cincuenta pesos convertibles recibidos mensualmente por tu estancia en Caracas. Tu mujer te encargó una laptop y el niño más chiquito quería un Play Station.
Los primeros meses dormías mal con los sonidos de disparos que llegaban hasta la pequeña habitación compartida con otros cinco colegas. Para espantar la nostalgia, pensabas en las caras de tus parientes cuando les enseñaras toda la ropa linda que habías conseguido en una rebaja. Mientras, el pequeño patrimonio bancario crecía en Cuba, bajo la condición que sólo podrías disfrutarlo al final de tu misión.
Alguien del grupo te confesó una noche que iba a cruzar la frontera y largarse a Miami. Lo oíste con el temblor del que puede mandar lejos la gotera, el nuevo techo y el portátil pedido, para usar tus ahorros en comenzar una vida nueva. Inmediatamente te acordaste de ese enfermero que escapó y nunca ha podido sacar a su familia de la Isla. Los desertores son castigados con la separación, marcados por la imposibilidad de reunificarse con los suyos.
Así que pasaste tus dos años curando gente y salvando vidas, padeciendo el alejamiento, el susto y la promiscuidad habitacional. Como un alivio te llegó la noticia de que tu esposa ya había empezado a comprar los sacos de cemento para fundir el techo. Cuando estaba cerca el momento del regreso, alguien anunció que el compromiso de quedarse seis meses más había llegado en una hoja para ser firmado. “No hay problema –pensaste– con lo que gane en ese tiempo, quizás me alcance para reparar las paredes de la casa”.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Enero,3,2009

Estamos atentos a que nadie se acerque lascivamente a nuestros hijos, pero pocos se dan cuenta cuando el manoseo se centra en las mentes y no en los cuerpos. La ideologización de la educación cubana ha llegado a un punto que alarma incluso a quienes nos formamos bajo esos mismos métodos. Con sólo tomar un libro de texto o revisar el sistema evaluativo, puede notarse el terreno que ha ganado la doctrina en detrimento de los conocimientos. En el aula de mi hijo, seis fotos del Líder Verdeolivo adornan las paredes, mientras en las calificaciones se incluye la participación en actividades políticas y patrióticas.
Evoco mi etapa de pionerita leyendo un comunicado o gritando consignas y no puedo dejar de sentirme abusada. Pero la sensación es más fuerte cuando veo que Teo –a sus trece años– ha aprendido ya cuáles opiniones no debe decir en la escuela para evitarse problemas. Descubrir mi propia máscara prolongada ahora en el rostro de mi hijo es más doloroso que aquel estupro del que fui blanco.

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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Enero,1,2009
Los hombres se suceden, las ideologías se vienen abajo, los líderes agonizan y los discursos se acortan, todo eso bajo el repetitivo ciclo de un sol que se pone y vuelve a salir. Cuando veo asomarse al Indio frente a mi balcón, compruebo qué pequeñez la nuestra, qué risibles pretensiones de trascendencia las de algunos.
Aquí les dejo el primer sol del dos mil nueve, el dorado círculo de luz que nos sobrevivirá a todos. Les deseo un feliz año y que los rayos de este amanecer los calienten a todos.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,30,2008

Pablo Milanés y yo compartimos una tarde inolvidable en la Tribuna Antiimperialista. Él estaba en el escenario, cantando su amplio repertorio, mientras yo enarbolaba un cartel con el nombre de Gorki. Su concierto duró casi tres horas, pero la tela que levantamos algunos impertinentes tardó sólo segundos en ser destrozada. A pesar de estar tan cerca del cantautor de Yolanda, aquel 28 de agosto pensé que miles de kilómetros separaban mi inconformidad de su tendencia apologética. Me equivoqué.
He leído la entrevista dada por Pablo al periódico El Público y cualquiera de sus respuestas le acarrearía una golpiza si la expusiera en una céntrica plaza de La Habana. Sus criterios se parecen a los que me llevaron a abrir este blog e incluso algunas de sus frases bien podría firmarlas como propias. Cuando dice “estamos paralizados en todos los sentidos, hacemos planes para un futuro que nunca acaba de llegar”, me toca más de cerca que con todas sus canciones juntas. Ese porvenir del que habla, nos fue pintado lleno de luces y con un fondo musical que incluía su voz entonando “Cuba va”. En aras de alcanzar tamaño espejismo todo sacrificio pareció pequeño, incluso el de callarnos nuestras diferencias, el de ahogar todo vestigio de crítica.
Los colores se le corrieron al avejentado rostro de la utopía y la sinfonía de la victoria se trastocó en un reggaetón de la sobrevivencia. Las canciones de Pablo Milanés pasaron a ser como himnos de viejos tiempos donde éramos más cándidos, más crédulos. “Mucha gente tiene miedo a hablar” nos dice ahora y con un temblor que me recorre las rodillas confirmo que sí, que el costo de la opinión es demasiado alto todavía. Fuera de los acordes y de las tensadas cuerdas de su guitarra ha modulado ayer su mejor tonada, esa que lleva la inconformidad y el dedo del ciudadano apuntando al poder. Es la misma música que tarareamos millones de cubanos, pero que él tiene la capacidad de modular con esa cálida voz que una vez nos hizo creer en todo lo contrario.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,30,2008

El tedio de este fin de año me llevó a ver el monótono espectáculo de nuestros parlamentarios en su última reunión del 2008. La fórmula de plantear problemas sin señalar las verdaderas causas, volvió -este diciembre- a la sala del Palacio de las Convenciones. Todo un estilo de decir, que comienza con una reverencia inicial más o menos así: “Nuestra Revolución ha hecho mucho por mejorar el comercio minorista, aún así subsisten problemas…” Sin esa indispensable genuflexión, se podría incurrir en un atrevimiento no permitido o ser señalado de hipercrítico e ingrato.
El discurso final hecho por Raúl Castro reafirmó la idea de terminar con los subsidios. Al escuchar esa frase, se tiende a pensar sólo en el cese de la cuota racionada de alimentos que recibimos los cubanos. Pero el llamado a erradicar precios simbólicos y gratuidades innecesarias es un arma de doble filo, que puede terminar hiriendo a quien la porta. Si fuésemos consecuentes con la eliminación del paternalismo, habría que comenzar rebajando la carga que significa el mantenimiento de esa obesa infraestructura estatal que alimentamos con nuestros bolsillos. Un trabajador que produce acero, níquel, ron, tabacos o está empleado en el bar de un hotel, recibe una minúscula porción de la venta de su producción o del costo real de sus servicios. El resto va directamente a subsidiar un insaciable Estado.
Entre el simbólico precio de una libra de arroz en el racionamiento o la enorme “tajada” de nuestros sueldos que se llevan quienes nos gobiernan, somos más emisores que receptores de subsidios. Erradicarlos debería ser nuestro slogan, no el de ellos.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,28,2008

Una fecha imprecisa de terminación y la interrogante de si traerá información para todos, rodean al cable submarino que enlazará a Cuba y Venezuela. A todos los que nos quejamos de la poca conectividad que encontramos en la Isla, ya existe un argumento para hacernos callar: “Hay que esperar a que esté listo el cable”. Con tanta expectación, voy a ir enumerando lo que debería traernos ese proyectado cordón umbilical:
- Acceso a Internet para todos y no basado en privilegios, con la posibilidad para cualquier persona de contratar conexiones domésticas.
- En las escuelas primarias, de enseñanza media y universitaria, banda ancha para los estudiantes y tiempos de acceso a la red menos limitados que los actuales.
- La disminución de los costos en ciber-café y en los ordenadores con conexión de los hoteles, que hoy se llevan en una hora el tercio de un salario mensual.
- La posibilidad de usar redes sociales como Facebook, Twitter, Hi5 y otras más
- Finalmente podríamos echar manos de servicios como Skype, videoconferencias, envío de grandes paquetes de información y hasta ver la televisión a través de Internet.
Si el dichoso cable no va a traernos todo eso, por favor qué me expliquen cuáles son las razones para aguardar por él hasta el 2011. Espero que al menos una pequeña fibra de su contenido llegue hasta mis manos de blogger freelance, o es que los kilobytes que circularán en su interior tendrán como marca de agua: “sólo para confiables”.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,26,2008

Hoy podría ser 3 de junio o 9 de septiembre, pues apenas algunos detalles señalan que estamos en Navidad. Pocos, muy pocos, se felicitan en la calle. Comparado con el 25 de diciembre del año pasado, este es un día más desangelado y con menos expectativas hacia el futuro. Más de doce meses han pasado desde que presagiamos –en la intimidad de la familia y los amigos- supuestas reformas, que se quedaron en un teléfono móvil o en la habitación de un hotel que no podemos pagar.
El gallo cantará hoy para un pueblo que ha reducido su accionar a un verbo moroso: esperar. Mientras, mi agenda telefónica acumula tachaduras por los amigos que emigran y nuestro presidente salta como gato enjaulado cuando le hablan de disidentes presos. ¡Cuán poco hemos avanzado en este 2008! ¡Qué ridículos pasos en el mismo lugar, hemos dado hasta este diciembre!
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,23,2008

Si no propones “soluciones”, ni se te ocurra hacer uso del arma de la crítica, me aclaran algunos que tampoco exponen un solo remedio. Su tono me evoca las aburridas asambleas pioneriles en las que estuve presente durante todos mis años escolares. Cuando me llegaba el turno de hablar y mis señalamientos desbordaban lo personal para criticar lo sistémico, alguien me paraba en seco para recordarme que un verdadero revolucionario plantea soluciones, no quejas. Ejercer el criterio debía hacerse de forma constructiva –me advertían– y con el tiempo comprendí que no era un llamado a la diatriba provechosa sino al conformismo.
Aquellas críticas cercenadas trajeron estos problemas para los que ni siquiera los proponedores de la “crítica útil” tienen una solución. Mis pocos conocimientos en materia económica no me permiten, por ejemplo, aventurarme a enmendar el entuerto de la dualidad económica en el que vivimos hace quince años. Tampoco tengo antecedentes científicos para saber cómo se resolverá la maldita circunstancia del marabú por todas partes. Piernas cortas en la política me impiden prever cómo se harán efectivas las palabras de Juan Pablo II de “que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba.”
Sin embargo, mi olfato ciudadano me ha hecho descubrir intuitivamente la SOLUCIÓN. Sólo la libre opinión hará que aquellos que pueden mostrar remedios se atrevan a hacerlo. El economista que guarda en su gaveta el plan para sanear la economía cubana necesita garantías de que no será castigado por decir sus ideas. Todos los proyectos políticos, sociales y de política exterior, que están ocultos ante la posible represalia que pueden sufrir sus creadores, reclaman un espacio de respeto.
Dejen que todos hablen, no importa si en lamento o con el respaldo de una propuesta estudiada para enfrentar los problemas. Anuncien públicamente que cada cubano puede decir lo que piensa y proponer una solución desde el color político y la orientación ideológica en la que crea. Verán entonces como afloran los bálsamos, como la queja deja lugar a la propuesta y cuán mal les sienta eso a los crónicos detenedores de la crítica.
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Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Diciembre,23,2008
Generación Y y los otros blogs del Portal Desdecuba.com han estado inaccesibles durante más de veinticuatro horas. Las causas del apagón aún no se han determinado, pero quiero agradecer a todos los que se han preocupado por nuestra desconexión.
Lamento darles tantos dolores de cabeza, pero me alegra comprobar que podemos volver a renacer de los ataques, los trolls y hasta de los problemas de software. Un abrazo y vamos a recuperar este día perdido.
Yoani
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