|
Generaci贸n Y es un Blog inspirado en gente como yo, con
nombres que comienzan o contienen una "i griega". Nacidos en la Cuba de
los a帽os 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los
mu帽equitos rusos, las salidas ilegales y la frustraci贸n. As铆 que invito
especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusim铆, Yuniesky y otros que
arrastran sus "i griegas" a que me lean y me escriban.
聽
Hace algunos d铆as, pudimos ver en nuestra casa el documental Cuba聽 performance, dedicado a la labor art铆stica del grupo Omni Zona Franca.聽 La sala se llen贸 de peludos y hasta algunos autores extranjeros,聽 invitados a la Feria del libro, subieron los catorce pisos por la聽 escalera. Amaury 鈥揺l protagonista del filme鈥 no estuvo presente, porque聽 hace unos d铆as le naci贸 un hijo que lo tiene ahogado entre pa帽ales y聽 noches sin dormir. Era viernes trece y hab铆a luna llena, pero la聽 superstici贸n no nos impidi贸 disfrutar de algunas horas de creaci贸n,聽 libertad y descarga.
La directora del documental, Elvira Rodr铆guez Puerto, convivi贸 durante聽 semanas junto a Eligio, David y los otros artistas de Alamar. Gracias a聽 esa cercana interacci贸n, logra mostrarnos la mezcla de poes铆a, pintura,聽 zen y grafiti con la que estos talentos autodidactas han llenado las聽 calles de la proyectada ciudad del 鈥渉ombre nuevo鈥. Disfuncional y聽 estigmatizada, la singular villa del este es hoy un sitio en el que聽 pocos quieren vivir, lleno de bloques de concreto repetitivamente聽 id茅nticos. All铆 habita y hace su arte Amaury, un hombre grande, negro,聽 que se pasea con un casco de minero y con una saya amplia. 脡l logra聽 involucrar a los vecinos en sus acciones pl谩sticas, les hace olvidar las聽 jabas vac铆as con las que vuelven del mercado y les ayuda a aflojar el聽 rictus de incredulidad con que lo miran todo.
La vida nuestra est谩 llena de performance y de acciones pl谩sticas聽 cargadas de simbolismo, aunque nos parezcan totalmente lineales y聽 cotidianas. Esa es la sensaci贸n que me ha dejado escuchar la filosof铆a聽 de este risue帽o poeta que camina apoyado en su b谩culo de madera.聽 Esperar el 贸mnibus, hacer la cola para el 煤nico pan del racionamiento,聽 intercambiar productos en el mercado negro, construir una peque帽a balsa聽 para echarse al mar y hasta fingir que se est谩 de acuerdo, son parte de聽 un gui贸n que hemos interpretado durante d茅cadas. S贸lo que a帽oramos la聽 soltura del happening y la espontaneidad con que se mueve Amaury, tan聽 lejos del miedo, las convenciones y los controles.

聽
聽
En una tierra rodeada de agua, el marinero es un v铆nculo con el otro lado, el portador de esas im谩genes que la insularidad no deja ver. En el caso cubano, quien trabaja en un barco puede, adem谩s, comprar en el extranjero muchos productos inexistentes en los mercados locales. Una especie de Ulises, que despu茅s de meses navegando, trae su maleta llena de baratijas para la familia. El marino conecta los electrodom茅sticos trasladados en las barrigas de los buques con el mercado negro; hace que las modas lleguen antes de lo planificado por los bur贸cratas del comercio interior.
Durante varias d茅cadas, ser 鈥渕arino mercante鈥 era pertenecer a una selecta cofrad铆a que pod铆a ir m谩s all谩 del horizonte y traer objetos nunca vistos en estas latitudes. Los primeros jeans, grabadoras de cintas y chicles que toqu茅 en mi vida fueron transportados por esos afortunados tripulantes. Lo mismo ocurri贸 con los relojes digitales, los televisores en colores y algunos autos, que en nada se parec铆an a los poco atractivos Lada y Moskovich.
Para los parientes de un marinero, los largos meses de ausencia se suavizan con el b谩lsamo econ贸mico que producir谩 la estancia en puertos con precios m谩s baratos y mejores calidades que las tiendas cubanas. Cuando llega la edad de jubilarse y de echar el ancla, entonces a vivir de lo que se ha podido transportar y de las im谩genes que han quedado en la memoria.
Cuento toda esta historia de barcos, m谩stiles y mercado informal, porque a Oscar, el esposo de la blogger de Sin Evasi贸n <http://www.desdecuba.com/sin_evasion>, est谩n amenaz谩ndolo con expulsarlo de su trabajo como marinero. El motivo: la decisi贸n de Miriam Celaya de quitarse el antifaz y seguir escribiendo sus opiniones a cara descubierta. El castigo: dejar a la familia sin el necesario sustento. Por ella navegar libre en la red, puede 茅l perder la posibilidad de surcar las aguas.
鈥 * De la canci贸n infantil 鈥淏arquito de papel鈥.
聽
Cada d铆a me topo con alguien que se ha desilusionado y le ha retirado su apoyo al proceso cubano. Hay quienes entregan el carnet del partido comunista, emigran con sus hijas casadas en Italia o se concentran en la pl谩cida labor de atender a sus nietos y hacer la cola del pan. Pasan de delatar a conspirar, de vigilar a corromperse y hasta cambian sus gustos radiales de Radio Rebelde a Radio Mart铆. Toda esa conversi贸n 鈥搇enta en unos, vertiginosa en otros- la percibo a mi alrededor, como si bajo el sol isle帽o, a miles les hubiera dado por mudar la piel. Sin embargo, ese proceso de metamorfosis s贸lo ocurre en una direcci贸n. No me he topado con nadie 鈥搚 mira que conozco gente- que haya pasado del descreimiento a la lealtad, que comenzara a confiar en los discursos despu茅s de a帽os de criticarlos.
Las matem谩ticas nos confrontan con ciertas verdades infalibles: el n煤mero de los insatisfechos aumenta, pero el grupo de los que aplauden no gana nuevas 鈥渁lmas鈥. Como un reloj de arena, cada d铆a cientos de peque帽as part铆culas de desenga帽ados va a parar justo al sitio contrario donde una vez estuvieron. Caen hacia el mont铆culo que formamos los esc茅pticos, los excluidos y el coro inmenso de los indiferentes. Ya no hay retorno al lado de la confianza, porque ninguna mano podr谩 darle vuelta al reloj, poner arriba lo que hoy est谩 definitivamente abajo. El tiempo de multiplicar o sumar pas贸 hace rato, ahora los 谩bacos operan siempre con restas, marcan la interminable fuga en un solo sentido.

Hoy, a las 15 horas, logramos presentar el libro de Orlando Lu铆s Pardo Lazo. Despu茅s de meternos por callejones del Cerro para perder a los dos “segurosos” que llev谩bamos detr谩s, terminamos por llegar al Capitolio y tomar el 贸mnibus que pasa el t煤nel de la bah铆a. Tensi贸n, temor y duda, nos acompa帽aron en el breve viaje hacia la fortaleza de La Caba帽a. Orlando pensaba en su madre, con la presi贸n alta y atemorizada ante las amenazantes llamadas telef贸nicas. Mi cabeza estaba con Teo, en su escuela, ajeno al hecho de que quiz谩s nadie estar铆a en casa cuando 茅l regresara. Por suerte, fueron s贸lo fantasmas.
El operativo policial ten铆a 鈥揺so lo comprendimos a posteriori- una intenci贸n intimidatoria, pero poco pudieron hacer ante las c谩maras de la prensa extranjera y de los escritores invitados. Empezamos sentados sobre la hierba, hablando para un grupo de quince personas y terminamos con un aplauso cerrado de m谩s de cuarenta. Nos sorprendi贸 la presencia y la solidaridad de varios j贸venes cuentistas y poetas, con libros publicados en las editoriales oficiales. Tambi茅n la asistencia de algunos novelistas latinoamericanos que nos apoyaron con sus palabras y abrazos. All铆 estaban Gorki y Ciro del grupo Porno para Ricardo, Claudia Cadelo del blog Octavo Cerco, L铆a Villares, autora de la bit谩cora Habanemia, Reinaldo Escobar, blogger de Desde aqu铆, Claudio Madam y otros que no menciono sus nombres, para no perjudicarlos.
Al otro lado de la calle, el grupo de los perseguidores, filmaba con un tele foto todo lo que ocurr铆a en la verde explanada. Varias escuelas primarias hab铆an sido invitadas a empinar papalotes en ese mismo lugar y un estridente reggaet贸n comenz贸 justo a las tres de la tarde. Sin embargo, logramos aislarnos de todo eso y entrar por la puerta de Boring Home; elevarnos unos cent铆metros de la polvorosa realidad de vigilados y vigilantes. Desde donde estaba sentada, el muro de La Caba帽a me pareci贸 m谩s deteriorado, lleno de peque帽as porosidades que se abr铆an en la piedra.
* para descargar el libro de Orlando Lu铆s, por favor, pinche aqu铆



聽
El caso Padilla, su secuela gris sobre la cultura cubana se ha perpetuado m谩s de lo que se cree. Casi cuatro d茅cadas y tal pareciera que no han pasado ni unos minutos. Autores censurados, libros prohibidos y ferias pensadas para escritores confiables. La cultura en mano de las instituciones y unos pocos decidiendo cu谩les textos ver谩n la luz. Aquel se llamaba Heberto, este Orlando, pero en la Isla donde nacieron ambos, la diferencia es a煤n una infracci贸n.
Todav铆a no sabemos qu茅 pasar谩 ma帽ana en La Caba帽a con la presentaci贸n de *Boring Home*, pero ya los implicados hemos aprendido algo: poco, muy poco ha cambiado desde que fue censurado 鈥淔uera de juego鈥. Tristemente, seguimos en las mismas.
Les dejo a continuaci贸n el texto que escribi贸 Orlando Lu铆s Pardo Lazo con motivo de la presentaci贸n -m谩s controvertida- de esta aburrida Feria Internacional del Libro.
Los detectives dom茅sticos
聽聽聽聽聽 Orlando Luis Pardo Lazo
Pudo haber sido un t铆tulo de Roberto Bola帽o, el chileno muerto y universal. Un tipo que no encajar铆a del todo en el staff de la XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana, dentro de las murallas “morales” y los reciclados fosos de fusilamiento de la Fortaleza de San Carlos de La Caba帽a (del 12 al 22 de febrero, sede principal del evento).
Y, en efecto, nuestros detectives dom茅sticos, no menos salvajes que los de Bola帽o, me llaman por tel茅fono a cada hora para aterrorizar a mi madre septuagenaria y con enfisema. Son j贸venes, varones, y se escudan tras un tel茅fono p煤blico para practicar la sintaxis profil谩ctica del pared贸n: “si tu hijo viene el lunes a la feria, te lo vamos a despingar“, dicen y le cuelgan. Leer m谩s 1971 鈥 2009: el milenio gris
聽
No quiero dejar pasar los d铆as y seguir en la ingratitud de no corresponderle a los 鈥渁bnegados compa帽eros鈥 que vigilan la entrada de mi edificio. Ellos, con su sacrificio desmedido, han logrado que en las 煤ltimas semanas no hayan ocurrido tantos hechos vand谩licos, de los que son tan comunes en estos catorce pisos. No le han robado la ropa de la tendedera a nadie, en las escaleras no hemos encontrado ninguna excrecencia humana adornando una esquina, ning煤n exhibicionista le ha ense帽ado su miembro a alguna asustada adolescente; la mesa de domin贸 que genera tantos gritos ha sido suspendida hasta nuevo aviso y hasta los perros vagabundos han evitado hacer de las suyas por all谩 abajo. Todo eso gracias a los turnos rotativos que mantienen dos disciplinados miembros del ministerio del interior 鈥損ara vigilarme- en el lobby de mi bloque de concreto.
S贸lo quer铆a, junto con mi agradecimiento infinito, pedirles por favor un poco de vista gorda con los vendedores ilegales. Llevamos la misma cantidad de d铆as sin que nadie 鈥搉i siquiera un distribuidor de veneno contra cucarachas- grite su mercanc铆a en nuestros pasillos. Me siento culpable de la asfixia comercial en que est谩n sumidos los otros 143 apartamentos y algo tengo que hacer para aliviarlos. As铆 que les pido -a los acechantes soldados del MININT- mirar hacia otro lado, cuando de la comida se trata. 隆Esto no tiene que llegar a ser el cerco de Lisboa!


Conozco de libros que han estigmatizado a sus autores y de escritores que proyectan una sombra oscura sobre sus obras. Qui茅n perjudica m谩s a qui茅n, parecen sugerirnos algunos casos en que el literato es tan 鈥渄if铆cil鈥 como sus textos. Orlando Lu铆s Pardo Lazo ha sido la causa directa de que los cuentos compilados bajo el t铆tulo Boring Home no fueran presentados en esta Feria Internacional del Libro de La Habana 2009. 脡l y su man铆a de complicar las cosas, de buscarle juegos ling眉铆sticos a una realidad que entiende mejor de consignas y gritos. Para colmo, se dedica a robar con el lente de su c谩mara ciertas desatinadas im谩genes que contradicen la iconograf铆a oficial. No muestran la manzana, ni a Ad谩n, apenas la serpiente.
La radioactividad que despide Orlando detuvo las m谩quinas de la imprenta, hizo espantarse a los editores y desistir a algunos colegas de saludarlo en la calle. Su nombre desapareci贸 de las listas de los escritores promovidos por las instituciones oficiales y fue sacado del cat谩logo de esta Feria. Sin embargo, el chiflado de Lawton, se las arregl贸 para imprimir su libro y ahora quiere presentarlo. Sus amigos -gente excluida como 茅l- hemos decidi贸 acompa帽arlo en el lanzamiento alternativo de sus textos, el lunes 16 de febrero a las tres de la tarde, en las afueras de la fortaleza de La Caba帽a.
Todo podr铆a haber quedado en un grupito sentado sobre la hierba, hablando de un libro manufacturado, sino fuera por las amenazas. Desde ayer est谩 circulando un email en la intranet del Ministerio de Cultura, donde se nos advierte de posibles represalias por la presentaci贸n alternativa de los cuentos. Llamadas intimidatorias, acusaciones de asalariados del Imperio 鈥撀u谩n poco originales son!- y hasta la velada advertencia de que habr谩 golpiza. Todo eso ha venido a darle a la salida de Boring Home m谩s expectaci贸n de la que busc谩bamos, le ha regalado el mejor discurso de presentaci贸n que podr铆a hac茅rsele a un escritor proscrito.
All铆 estaremos, vamos a ver si nos dejan llegar.

Detr谩s de un tanque de agua, esconde Dayron una antena parab贸lica para captar la televisi贸n de M茅xico y Miami. Vive en un edificio de ocho apartamentos y suministra a cada vecino un cable con la prohibida programaci贸n. Aunque la polic铆a rastrea a estos distribuidores ilegales, poco puede hacer, dado el creciente n煤mero de quienes cometen el mismo delito.聽 La Habana parece -por momentos- una telara帽a surcada de falsas tendederas y tubos de agua por los que corre, en realidad, la proscrita se帽al de las televisoras extranjeras.
Suscritas a semejante negocio underground, muchas familias pagan una mensualidad de doscientos pesos cubanos, la mitad del salario de cualquier profesional. Reciben a cambio veinticuatro horas de telenovelas, shows y musicales. Los pocos e ideologizados canales nacionales no pueden competir con los colores llamativos y la variedad que llegan desde la osada antena, orientada hacia el sat茅lite.
Para contrarrestar este fen贸meno, el gobierno ha entrenado equipos policiales que rastrean las azoteas y cortan los cables sospechosos. La multa puede exceder los mil pesos e incluye la confiscaci贸n de los equipos receptores y del televisor. El temor a ser sorprendidos no logra, sin embargo, hacer desistir a los audaces televidentes. Algunos emprendedores han logrado, incluso, colocar las redes de distribuci贸n por debajo de la calle, junto a las viejas ca帽er铆as de agua. Para hacerlo han contratado verdaderas brigadas que simulan reparar alg煤n salidero, cuando en realidad difunden el perseguido cable.
Los clientes de Dayron est谩n dispuestos a correr todos los riesgos, con tal de ver algo diferente.

En la cerrada sala del Palacio de las Convenciones se concluy贸 hoy un congreso inform谩tico, cuyo acceso fue s贸lo para delegados extranjeros o cubanos con credencial. Por m谩s que trat茅 de colarme en el evento, hac铆a falta pertenecer a alguna instituci贸n oficial para estar ah铆. Como pre谩mbulo optimista a dicha reuni贸n, el Viceministro de Inform谩tica y Comunicaciones dio una entrevista al peri贸dico Juventud Rebelde. Cargada de frases sobre un futuro impreciso que lo mismo podr铆a llegar la pr贸xima semana o en una d茅cada, renov贸 -en algunos- las esperanzas de un acceso masivo a la Internet. Sin embargo, despu茅s de leer varias veces las respuestas de ese funcionario, me siento m谩s alarmada que tranquila.
Sus palabras no muestran la m铆nima cr铆tica a la labor de censura o bloqueo de p谩ginas, que resulta tan com煤n en las redes cubanas. Ubica las diferencias ideol贸gicas en una larga lista de atrocidades entre las que se encuentran los 芦contenidos nocivos como la incitaci贸n al terrorismo, la xenofobia, la pornograf铆a鈥︹. En ese mismo club de los monstruos incluye 鈥減or supuesto, la incitaci贸n a la subversi贸n del orden establecido en Cuba y los contenidos francamente contrarrevolucionarios禄. El 煤ltimo adjetivo me confirma que nuestro acceso a la red sigue extraviado entre un mont贸n de criterios, que nada tienen que ver con el ancho de banda o la conexi贸n satelital.
S贸lo que no vale la pena molestarse, porque Internet no ser谩 la migaja que nos caer谩 desde arriba, el privilegio que llegar谩 por nuestra buena conducta, ni la prebenda alcanzada despu茅s de aplaudir mucho. Esta vez, no ser谩 as铆. Una verdadera revoluci贸n.com ocurre paralela y contraria al racionamiento que tambi茅n nos quieren imponer en el mundo virtual. Esta no tiene barbudos, ni fusiles y mucho menos un l铆der gritando en la tribuna. Es lenta y a煤n focalizada, pero alcanzar谩 a casi todos los cubanos. Sus comandantes llevan raros nombres como Gmail, Wordpress, Skype o Facebook: no crean divisi贸n, sino que unen personas.
El efecto de esta revoluci贸n tecnol贸gica durar谩 m谩s que cincuenta a帽os; para impedirla o controlarla poco pueden hacer los ministerios, los filtros electr贸nicos o las promesas de acceso que no se materializan. Incluso hoy, mientras a puertas cerradas se clausura el evento Inform谩tica 2009, ya en alg煤n lugar se abre una nueva brecha por donde pasaremos sin permiso.

El bolsillo de mi amiga Yuslemi no se ha recuperado de la 煤ltima reuni贸n en la escuela primaria de su hijo. Una parte del encuentro entre los padres y la maestra se dedic贸 a las necesidades del aula, especialmente a discutir la cifra que cada familia entregar谩 para comprar el tan necesario ventilador. El tema de la limpieza ocup贸 alrededor de veinte minutos y cada padre anot贸 varios productos como detergente, frazada de piso y una escoba, que deben traer en los pr贸ximos d铆as. Con cinco pesos mensuales por cada estudiante, se le pagar谩 a una se帽ora que limpiar谩 el local una vez por semana.
La escuela carece de personal de limpieza, pues los bajos salarios no atraen a nadie. La persona contratada de forma ilegal, probablemente sea una jubilada que no tendr谩 ninguna protecci贸n laboral al realizar ese trabajo, ni vacaciones ni retribuci贸n en caso de enfermedad. Se trata de algo parecido a lo que en Europa se llama 鈥渢rabajo negro鈥 y que en Cuba conocemos como una ocupaci贸n 鈥減or la izquierda鈥.
Cuando ya parec铆a que terminaba el encuentro, le lleg贸 el turno a otro tipo de pedidos. Preguntaron si alg煤n padre pod铆a reparar las sillas que se han ido rompiendo y un se帽or levant贸 la mano para asumir la tarea.聽 Otro asegur贸 que llevar铆a un candado para la puerta y una mam谩 se comprometi贸 a imprimir los ex谩menes de matem谩ticas, que se realizar谩n a finales de enero. La escuela carece de fotocopiadora o impresora, as铆 que la reproducci贸n de las pruebas depende de alg煤n padre que trabaje en un centro estatal donde s铆 existan estos recursos. Todo esto se acord贸 en una atm贸sfera de normalidad y la maestra聽 -al terminar de leer la lista de pedidos- declar贸 que la reuni贸n hab铆a sido un 茅xito.
|