Desde aquí


Desde aquí es un empeño personal que nace de la necesidad de escribir sobre aquellos temas que me rondan la cabeza cada día, pero que no encuentran un espacio en los medios oficiales cubanos
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  • Los idiotas

    Publicado el 10 10MET Agosto 10MET 2010 Reinaldo Escobar 22 comentarios

    el-piano

    Como no tengo gracia ni para tocar el timbre de una puerta, los artistas que ejecutan con virtuosismo algún instrumento musical despiertan en mí sensaciones entre la admiración y la envidia.  Cuando, por ejemplo, Frank Fernández me conmueve con sus interpretaciones de Sergei Rachmaninov o  Federico Chopin acabo por enojarme conmigo mismo por mi incapacidad para hacer algo semejante.  Me hace sentir como un idiota.

    Quizás por eso me sorprendió tanto que, en la última sesión del parlamento cubano este notable artista, luego de expresar que compartía las emociones de todos los presentes, dirigiéndose a Fidel Castro confesó: “Uno se siente medio idiota cuando le oye razonar a usted”. Lo  sorprendente y al mismo tiempo reconfortante, es que en mi opinión el ex presidente no estaba diciendo nada del otro mundo, incluso sus palabras estaban llenas de lugares comunes y enormes errores científicos, históricos y políticos.

    ¿Será que cualquiera puede tocar bien el piano? No atesoro los méritos necesarios para llegar a ser diputado de ese parlamento, pero estoy de lo más optimista, ya siento el roce de las teclas debajo de mis dedos.

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  • Te lo dije!

    Publicado el 4 04MET Agosto 04MET 2010 Reinaldo Escobar 11 comentarios

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    No quiero caer en esa manía de viejos que se resume en la frase “yo se los dije” cuando ocurre lo que uno venía advirtiendo: No conforme con haber desperdiciado la oportunidad del 26 de julio, Raúl Castro volvió a quedarse corto en su discurso ante el Parlamento.

    Lo anunciado en relación con la ampliación del trabajo por cuenta propia y la flexibilización de la contratación de mano de obra son pasos en la dirección correcta, pero que padecen aún de falta de profundidad y de una desesperante lentitud. ¿Podremos ir a la oficina que se ocupa de esos asuntos  a sacar una licencia de periodista independiente?, ¿podrán las empresas mixtas contratar a su personal sin la imposición del monopolio empleador por parte del estado?.

    Era indispensable terminar con la práctica paternalista de tener a ocho personas donde bastaban tres y desde luego que debe ser la idoneidad la primera, si no la única razón para seleccionar a los que cubrirán las plazas, pero hay que enfatizar más detalladamente las presumibles discriminaciones y favoritismos que no pueden entrar en juego a la hora de los despidos.

    Con el mayor respeto no creo, como afirma el general presidente que no exista una lucha entre tendencias en la dirección de la revolución. La unidad proclamada es lo que le permite a Raúl Castro invocar un “nosotros” como sujeto impreciso para determinar el ritmo de los cambios, pero justamente en ese ritmo es donde las discrepancias pueden ser más agudas y que pueden llegar a ser antagónicas cuando se sospecha que la rapidez y profundidad que algunos proponen termina necesariamente con el desmonte del socialismo.

    Si las opiniones de un ciudadano se alejan de la interpretación de lo que el partido comprende como “los mismos propósitos de justicia social y soberanía nacional” no serán vistas como discrepancias honestas y serán excluidas de cualquier posible diálogo.

    Raúl Castro no se dirigió al parlamento como presidente de todos los ciudadanos, sino como el jefe de un bando.  Su nada ociosa reiteración de que “no habrá impunidad para los enemigos de la patria, para quienes intenten poner en peligro nuestra independencia” pone en duda que la tan cacareada unidad  “no es fruto de la falsa unanimidad ni de la simulación oportunista” .

    Queda claro, tras la lectura serena de su discurso, que dicha unidad está fundamentada en el pánico a ser señalado con el estigma de traidor a la patria que se le endilga a quienes solo están pidiendo más profundidad y velocidad en los cambios, incluso ¿por qué no? para desmontar un sistema que lo único que ha demostrado es su inviabilidad.

    El presidente de todos los ciudadanos estaría en la obligación de garantizar que a ningún cubano, piense como piense, se le prive del derecho de expresarse libremente, en cualquier calle, en cualquier plaza. Por suerte, a diferencia de los que se prestan para integrar la horda de un mitin de repudio, los que opinan diferente a l partido comunista, no se sientan a esperar a que un general les diga que tienen derecho a hacerlo y lo que es mucho mejor, no dependen de que se les dé la orden de ir a manifestarse.

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  • Las ilusiones perdidas

    Publicado el 28 28MET Julio 28MET 2010 Reinaldo Escobar 5 comentarios

    Cuba Revolution Day

    En su cuarta oportunidad de aprovechar la tradicional fecha del 26 de julio para lanzar al menos una señal de cambio, Raúl Castro declinó el privilegio de resumir el acto más importante del año delegando el honor en el dirigente político que personifica el inmovilismo: José Ramón Machado Ventura.

    Envío mi más sentido pésame a todos aquellos que mantenían la ilusión de que esta vez sí se anunciaría el ya mítico “paquete de medidas” que cada cual ha imaginado según sus propios intereses: autorización a fundar pequeñas empresas, liberalización de la venta de autos y viviendas, fin de las restricciones migratorias y ¿por qué no? despenalizar la discrepancia política y empoderar al pueblo de la única forma posible: otorgando a los ciudadanos los plenos derechos de expresión y de asociación.

    No digo que “los acompaño en su sentimiento” porque hace mucho rato me convencí de que nuestros gobernantes están incapacitados para impulsar los cambios que la nación demanda. Siguen comprando tiempo, pero cada día tienen menos capital político y cada día queda menos tiempo en el mercado. Llegará el momento en que sus bolsas estén vacías de promesas y vanas dilaciones y ya no quede ni un minuto de paciencia.

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  • !Bienvenida la diversidad!

    Publicado el 20 20MET Junio 20MET 2010 Reinaldo Escobar 30 comentarios

    languesetmultilinguisme

    A raíz de la llamada Carta de los 74, donde se le pide al Congreso estadounidense que considere la posibilidad de flexibilizar aun más las restricciones económicas y que reconozca a sus ciudadanos el derecho de viajar a Cuba, se ha abierto un enriquecedor debate en el que vienen aflorando viejos y nuevos argumentos.

    ¿Quién lleva la razón? La vida dirá. En mi humilde opinión lo más provechoso es que  finalmente los cubanos, que en diversos grados y con diferentes matices manifiestan su inconformidad con la situación política del país, han soltado públicamente el lastre de sus prejuicios y se han animado a distanciarse de la falsa unanimidad.

    Si hasta los comunistas ya lo vienen haciendo, aún con timidez, en las páginas del Granma divergiendo unos de otros en el delicado tema de la privatización de los servicios (sin llegar al extremo de llamarse traidores a la causa ni insultarse entre ellos), nada perjudicial será para opositores de disimiles colores políticos ofrecer civilizadamente a la luz del día sus discrepancias, sean éstas de principio o simplemente metodológicas.

    Estas no han de ser discusiones que se llevan para determinar un vencedor, sino para encontrar caminos. Como estamos alfabetizándonos en estas lides habrá que tener paciencia con alguna gente apasionada que prefiera descalificar al portador de una idea en lugar de refutar con argumentos.

    Algún día tendremos discusiones más difíciles, para poner algunos ejemplos, ahí está el tema de la pena de muerte y el dilema entre justicia y perdón, y qué decir de las presumibles devoluciones y del debate entre los que quieran mantener o desaparecer alguna que otra conquista. Aprendamos ahora, después no habrá tiempo.

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  • Oxígeno

    Publicado el 12 12MET Junio 12MET 2010 Reinaldo Escobar 57 comentarios

    542823423_d0c0b0200fUno de los puntos de mayor fricción cuando se debate el asunto de Cuba es el que se refiere a las restricciones impuestas a la isla por parte del gobierno de los Estados Unidos. Tender al aflojamiento o al endurecimiento de dichas restricciones, con todos los matices imaginables, suele ser la distintiva que produce bandos contrarios, en el exilio, en la oposición interna y en la política hacia Cuba de la mayoría de los países.

    Entre los argumentos más escuchados de los partidarios del endurecimiento se encuentra el metafórico, que impugna cualquier signo de distensión alegando que esto significaría proporcionarle oxígeno al régimen.

    Desde hace unos días circula una carta dirigida al Congreso de los Estados Unidos, suscrita por una representativa muestra de la sociedad civil cubana, donde se aboga por el incremento de las facilidades para vender alimentos a Cuba y que se permita la visita a nuestro país de turistas norteamericanos.

    Como era de esperar, el documento ha provocado la irritación de los endurecedores. No pretendo ser imparcial en este tema, entre otras cosas porque soy uno de los 74 firmantes y porque en este país vive toda la familia: mi madre, mi hermana, mis hijos, mi esposa, mis nietas y una enorme cantidad de primos y sobrinas.

    Por muy dura que se ponga la situación ninguno de ellos va a salir a la calle a protagonizar una exposición social y mucho menos si carecen del argumento de que la ineficiencia gubernamental es del principal responsable de sus carencias.  Mientras haya un bloqueo al que acusar, mientras exista la más mínima limitación pública a las potencialidades comerciales, la culpa será del imperialismo, sobre todo si no se aparece por estos  lares ni un solo gringo que nos permita verificar su naturaleza no satánica.

    En esta pecera falta el oxígeno y los que se oponen a bombearlo no se percatan de que aquellos a quienes pretenden castigar llevan tanques a sus espaldas o snorkel en sus bocas, no están  enterados de que estos privilegiados tienen el monopolio de cualquier cosa que parezca respirable y lo reparten atendiendo a los méritos entre quienes hacen la fila de los políticamente correctos.

    Parecen desconocer que nuestros derechos han sido secuestrados precisamente en nombre de la amenaza de asfixia y para colmo, contrariando su propia lógica, olvidan que una atmósfera rica en oxígeno favorece el fuego y la explosión.

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  • Que canten los otros gallos

    Publicado el 24 24MET Mayo 24MET 2010 Reinaldo Escobar 6 comentarios

    dialogo-iglesiaApelando a una frase absolutamente incidental,  los medios oficiales dieron a conocer que la iglesia católica estaba haciendo gestiones a favor de los presos y las damas de blanco. Atendiendo a que la liberación de los prisioneros políticos ha sido la demanda más compartida al gobierno cubano en los últimos años, la noticia merecía titulares más específicos, pero ese es el lenguaje de los que detentan el poder y solo nos queda hacer un esfuerzo por interpretarlo.

    Se especula que a partir de esta semana, quizás a partir de hoy, comenzará un movimiento en el que los prisioneros más enfermos serán ingresados en hospitales y aquellos que están en cárceles alejadas de sus hogares serán trasladados a sus respectivas provincias.

    No se descuenta que se produzcan “licencias extrapenales” y hasta se habla de auténticas liberaciones. Todo esto como resultado de que, al más alto nivel, los gobernantes eligieron como interlocutores a los representantes de la jerarquía eclesial.

    Los cubanos tenemos amargas experiencias históricas relacionadas con discusiones sobre asuntos trascendentales a las que no fueron  invitadas todas las partes implicadas. Los dos ejemplos paradigmáticos fueron:  el  Tratado de París en 1898, en el que 5 norteamericanos y 5 españoles decidieron tras 70 días de discusión el traspaso de nuestra soberanía nacional y el pacto entre la Unión Soviética y los Estados Unidos en 1962, que dio por terminada la presencia de armas nucleares en la isla. En ambos casos los cubanos no fueron invitados.

    Sin embargo, hubo personas felices porque terminaban los conflictos y fueron muchos los que aplaudieron los resultados, al interpretar que la cuestión de invitar o no a todas las partes era un asunto de metodología y no un problema de principios.

    No tiene mucho sentido especular sobre cuáles hubieran sido los resultados si Juan Gualberto Gómez o Manuel Sanguily  hubieran estado presentes en París, tal vez la República habría sido otra cosa diferente. ¿Y si Raúl Roa y Carlos Rafael Rodríguez hubieran representado a Cuba en las discusiones de 1962? Quizás ya nadie recordaría el bloqueo y en las instalaciones de la base naval de Guantánamo estaría hoy la capital de la provincia.

    En estas conversaciones entre obispos y generales se van a obtener resultados positivos. Habrá  alegría en muchos hogares y la presión internacional sobre las autoridades cubanas se reducirá ante “el gesto” gubernamental, pero ¿cuáles serían los resultados si invitaran a otras personas?

    Voy a atreverme a decir algunos nombres, sabiendo que otros harían listas diferentes.  ¿Qué tal si sentamos en esa mesa a personas como Dagoberto Valdés, Elizardo Sánchez, Osvaldo Payá, Manuel Cuesta Morúa? ¿Y si las Damas de Blanco eligen a una delegada que las represente? ¿Y si Pedro Argüelles  acude a nombre de los presos?

    Aquí si tiene sentido especular, porque no estaríamos jugando con estériles hipótesis sobre el pasado, sino trazando posibilidades reales sobre el futuro de la Nación. Creo que si esa discusión llegara a ocurrir podría concluir con la despenalización de la discrepancia política y nunca más un cubano iría a prisión por expresar sus ideas. Otros gallos cantarían precipitando el amanecer.

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  • Convertir la mentira en verdad

    Publicado el 1 01MET Mayo 01MET 2010 Reinaldo Escobar 43 comentarios

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    Una de las tácticas preferidas por el gobierno cubano para desvirtuar  la inconformidad de sus ciudadanos es presentarla como el fruto de una operación fraguada por el  imperialismo norteamericano y sus secuaces capitalistas en el resto del mundo. De manera que  resulta impensable la existencia de una persona decente que por sí misma se enfrente al sistema. Todo el que se opone obedece órdenes y recibe financiamiento del imperio, carece de ideales y sólo merece ser calificado de traidor al servicio de una potencia extranjera, de vulgar mercenario. Esa es la línea oficial y quien intente desmentirla o matizarla se convierte también en sospechoso.

    La otra táctica que de forma  paralela se lleva a cabo para desprestigiar a los opositores es la de criminalizar a las personas inconformes. Demostrar que no se trata de portadores de alguna plataforma política sino de delincuentes comunes, gente de la peor ralea, sin ética ni principios. El ejemplo  más elocuente fue lo que ocurrió en 1980 en el entorno del éxodo del Mariel, cuando el presidente Carter declaró estar dispuesto a recibir con los brazos abiertos a todos los cubanos decididos a abandonar la isla. Se calculó que el número de emigrantes podía ser de tal magnitud que se haría insostenible seguir diciendo que el pueblo apoyaba la revolución.

    El comandante había dicho “¡Que se vaya la escoria!” y para demostrar que efectivamente solo lo peor de la población le daba la espalda al proceso revolucionario, se decidió contaminar el río humano que desde todas las provincias del país avanzaba hacia el puerto del Mariel para cruzar el Estrecho de la Florida. Con ese propósito se propaló el rumor de que todo  aquel con antecedentes penales tenía prioridad para salir.

    Las cartas de libertad que atestiguaban haber estado preso por cualquier delito salieron de los oscuros cajones, donde permanecían escondidas, para ser mostradas con orgullo en las oficinas habilitadas para el proceso migratorio. El que pudo pagarlo, compró uno de esos expedientes falsificados donde se demostraba  la estirpe delincuencial de ciudadanos que en la vida real nunca habían tenido ni una multa de tránsito. También se dijo que los homosexuales serían privilegiados  y se desató una ola de falso travestismo, donde familias enteras “confesaban” ser unos pervertidos sin freno con tal de obtener la salida.

    En una jugada tenida por magistral por sus aduladores, el Máximo Líder tuvo la brillante idea de abrir las prisiones y prácticamente obligar a miles de reclusos a montarse en las embarcaciones fletadas por cubano-americanos que venían a buscar a sus familiares. Finalmente Carter perdió la apuesta y tuvo que cerrar los brazos, pero ya Fidel Castro había podido demostrar a los ojos del mundo la repugnante naturaleza de los que no querían vivir en el paraíso socialista.

    Como esos trucos de circo una y otra vez repetidos, cada vez que un opositor adquiere alguna notoriedad se le atribuye un prontuario policial o se le apunta alguna conducta pecaminosa. Los casos de Orlando Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas son los más recientes, pero no serán los últimos. En los momentos en que la sociedad civil cubana despierta de su letargo, nuevas formas han salido a la luz, allí están los bibliotecarios y periodistas independientes, las Damas de Blanco, los bloggers. Si hace 30 años se atrevieron a infamar bajo el epíteto de “escoria” a más de cien mil cubanos que abandonaron el país, ¿de qué no serán capaces ahora contra los que pretenden cambiarlo?

    Como no tengo la capacidad de pensar como ellos me falta la fantasía para predecir sus acciones, pero me temo que cualquier cosa es posible y para convertir en verdad la mentira que difunden, pueden llegar a poner internet en las prisiones para que los violadores se abran un blog, o prometerle la libertad condicional al peor canalla para que se infiltre en cualquier movimiento cívico. El nuevo río que surge ya no desemboca en la emigración sino en el cambio y contaminarlo a como dé lugar se ha convertido para ellos en una urgente prioridad.

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  • ¿Campaña electoral para qué?

    Publicado el 27 27MET Abril 27MET 2010 Reinaldo Escobar 29 comentarios

    cuba-elecciones-camaguey-04

    Una de las aseveraciones más repetidas en torno al sistema electoral cubano es que los candidatos no hacen campaña electoral, pues como no representan a ningún partido ni llevan ninguna plataforma, les basta demostrar, exponiendo su biografía, que serán capaces de representar a sus electores.

    Según esta hipótesis se sobreentiende que esa señora, que quisiera que el parlamento apruebe una apertura económica que favorezca la creación de pequeñas empresas familiares, deberá votar por el candidato cuya biografía cuenta que cumplió dos misiones internacionalistas, que es licenciado en biología y posee el título de Héroe del Trabajo;  en tanto que el homosexual que quisiera que se autorice el matrimonio entre personas del mismo sexo, elegirá a ese cuadro administrativo de la salud pública, técnico medio en economía que ha participado en todas las campañas de vacunación y lleva doce años como dirigente en la zona de los CDR.

    El joven universitario que quisiera ver eliminadas las restricciones migratorias vigentes, sabrá que quien defenderá estas posiciones en las discusiones de la Asamblea del Poder Popular será seguramente la prometedora economista que se desempeña como gerente en una empresa turística de capital mixto, militante del Partido y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas.

    Los artífices de la campaña mediática contra la revolución pretenden convencer a los cubanos que, antes de votar, los electores deberían conocer cómo piensan los candidatos sobre los asuntos que eventualmente pudieran ser discutidos en el parlamento; quieren hacerle creer a uno que la lectura de una síntesis  biográfica resulta insuficiente para conocer si el internacionalista es proclive al mercado o a la planificación, que el dirigente de los CDR es homofóbico o tolerante, si la empresaria turística quiere dejar las leyes migratorias como están o si votaría por cambiarlas.

    Por eso en nuestras elecciones no hacen falta las campañas electorales, pues todos sabemos que esos que  levantarán la mano para votar a nombre nuestro, no se verán nunca en la situación de desaprobar algo que le hayan propuesto. Si bien es cierto que nosotros no sabemos lo que estos delegados creen sobre uno u otro asunto, no es menos cierto que ellos tampoco conocen lo que pensamos nosotros. ¿Cómo habrían de saberlo?

    Ayer domingo leí detenidamente las biografías de los dos candidatos de mi circunscripción. No pude deducir de los datos ofrecidos si alguno de ellos abogaría por liberar a los presos políticos ni si harían algo para favorecer la libertad de expresión y de asociación, entonces regresé a mi casa a esperar otra oportunidad en que pueda votar por alguien que quiera cambiar las cosas.

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  • Solo falta Randy

    Publicado el 31 31MET Marzo 31MET 2010 Reinaldo Escobar 50 comentarios

    dos-perlisimas

    Algún día quizás valga la pena analizar con todo detenimiento la enorme responsabilidad que tuvieron Pablo Milanés y Silvio Rodríguez en el sostenimiento emocional de ese fenómeno histórico llamado “la revolución cubana”; sobre todo si tenemos en cuenta la escasez de fundamentos teóricos y la pobreza de los resultados materiales que justificarían la filiación al proceso, por convicción o conveniencia. La innegable relación afectiva, dentro y fuera de Cuba, con la utopía socialista solo puede justificarse con la poesía. Y esa la pusieron ellos.

    ¿Cuánta gente se montó en un camión hacia el trabajo voluntario tarareando el tema “Supón”? ¿Cuántos dispararon en Angola o Etiopía rememorando “la canción del elegido”, aquel que iba matando canallas con su cañón de futuro? ¿Cuántos otros, estremecidos de nostalgia, desistieron de desertar escuchando “Yolanda” o “El breve espacio en que no estás”?

    No es que Pablo y Silvio hayan anunciado que fundarán un partido opositor. No se trata de eso. Un político puede hasta mudarse al bando opuesto; pero un poeta no puede cambiarle una coma a su metáfora. Ni una fuga como la del general Rafael del Pino, ni una deserción como la de Alcibíades Hidalgo, ex viceministro de Relaciones Exteriores, pueden provocar, en los ya desechos corazones de toda una generación, el devastador efecto que ocasiona un grado menos de pasión en la voz del poeta.

    Lejos están los tiempos de “La nueva escuela” que la tozuda realidad ha obligado a suprimir. Desde que la nación se quedó colgando de los dólares que traían los turistas, las canciones de letra compleja fueron desplazadas por la música trepidante que inundó las discotecas pagadas en divisas. La sincopada pelvis de una jinetera, enfundada en una licra fosforescente, eclipsó groseramente la sonrisa inteligente de aquella muchacha trovadicta que iba a la cama sin costo alguno.

    Casi al mismo tiempo en que dejaron de componerse canciones gloriosas, apareció el esperpento de la Mesa Redonda. Randy Alonso ocupó el puesto de Silvio Rodríguez. A veces hasta les veo cierto parecido físico. Hay que tener paciencia. Estoy seguro de que en la Cuba del futuro Silvio y Pablo podrían seguir llenando teatros y vendiendo discos. Lo que mi fantasía no alcanza a vislumbrar es el tipo de circo en el que podría trabajar Randy, aunque esta misma tarde empezara a desdecirse.

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  • El pasado que nos espera

    Publicado el 25 25MET Marzo 25MET 2010 Reinaldo Escobar 28 comentarios

    imagen tomada de marporcuba.org

    imagen tomada de marporcuba.org

    Le debo a Pedro Luis Ferrer esta frase: “Nadie sabe el pasado que le espera”. Y me acordé mucho de ella en los días que de forma casualmente simultánea leía El expediente de Timothy Garton Asch (1977) y veía en el noticiero de la televisión las imágenes de los “mitines de repudio” contra las Damas de Blanco.

    El libro cuenta la historia de un escritor que tuvo acceso a su expediente  en la Stasi (Seguridad del Estado en la ya extinta RDA) y a través de él conoce los nombres de los informantes que minuciosamente aportaron detalles a las 325 páginas de su carpeta. Lo que se vio en esos días en el noticiero no es necesario aclararlo.
    Ninguno de aquellos delatores de los medios intelectuales del Berlín amurallado y socialista podía prever que algún día sus nombres fueran revelados, como probablemente ninguna de las personas que en las calles de La Habana insultaba y escupía a aquellas mujeres tenga en cuenta el hecho de que todas esas imágenes han sido grabadas y serán algún día el contenido testimonial de esos documentales que en el futuro describirán lo que inevitablemente formará parte del pasado.
    “Mamá, ayer te vi en la televisión”, le dirán sus hijos y se le quedarán mirando como el que espera una explicación.

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