sin EVAsión
un blog con antifaz provisional, pero con voluntad permanente
Agosto 31, 2010 at 15:55 · Clasificados en Sin Evasión

Catedral de La Habana
El diálogo entre el gobierno del General Raúl Castro y la alta jerarquía de la Iglesia Católica sigue suscitando debates entre diferentes grupos opositores y sectores de la sociedad civil independiente. Era de esperarse que medio siglo de inmovilismo trajera como primera consecuencia el chirriar de todos los goznes oxidados al tratar de poner en marcha cualquier mecanismo de esta vieja maquinaria obsoleta, como también resulta lógico que, a fuerza de trabajar en reversa, ahora cueste mucho andar hacia adelante.
No es fácil buscar y encontrar consensos en un país huérfano de civismo y de libertades por tan prolongado período de tiempo. La mayoría de los cubanos de hoy no hemos participado jamás en auténticas elecciones, no hemos militado en un verdadero partido político, no contamos con espacios no oficiales de debate ciudadano, no tenemos libre acceso a la información y a las comunicaciones, ni hemos gozado de ninguno de los beneficios de la democracia, pero lo peor de todo es que no hemos sido libres. Cual esclavos temerosos e ignorantes, los hay que ni siquiera sabrían qué hacer con sus vidas llegado el día en que tengan libertad para disponer plenamente de ellas. Esa es la triste realidad de Cuba, heredada en gran medida de 50 años de dictadura, pero también consecuencia de 400 años de historia que demuestran cuán caras resultan a los pueblos la ligereza y la irresponsabilidad.
El momento que está viviendo la Isla tiene peculiares ribetes que marcan un antes y un después. Cada análisis puede tomar como pauta lo que considere un hito, ya sea la acumulación de elementos en la crisis socioeconómica y política generalizada, la lucha de la disidencia al interior del país, la muerte de Orlando Zapata Tamayo, la huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, la acción sostenida y valiente de las Damas de Blanco y la actividad creciente del periodismo alternativo en todas sus variantes, entre otros factores que puedan quedar involuntariamente omitidos aquí. Ese “antes y después” podría asumir como referencia cualquiera de estos factores aparentemente aislados; sin embargo, la polea que ha venido a unir algunas piezas y ha ayudado a iniciar el giro del mecanismo ha sido la Iglesia Católica. Es un hecho.
Tal como se presentan las circunstancias –o como están planteadas a partir de todos los factores que han influido en ello–, creo que es más realista sopesar ahora lo incuestionable: se están produciendo cambios y la mediación de la Iglesia Católica es un factor importante en esto. Es así que, lejos de apuntar soluciones idealistas, encaminadas a satisfacer la vanidad de algún que otro líder opositor, o sobrevalorar la importancia de sectores de la sociedad civil emergente (en la cual se inserta mi propio accionar como blogger), y a la vez sin negar la validez de todos los elementos en su propio desempeño, prefiero tomar en consideración cuánto de positivo puede y podría aportar el papel de la Iglesia en este proceso.
Algunas personas critican la mediación en la figura del Cardenal Jaime Ortega, alegando que nunca ha apoyado a la oposición, que no visitó a los presos o que no se pronunció contra los desmanes de la dictadura, lo cual tampoco se ajusta por completo a la realidad (recordemos, por ejemplo, la famosa Carta Pastoral “La Patria es de todos”, documento que tuvo gran resonancia en 1992). Por mi parte, no soy –ni mucho menos– una fanática o siquiera admiradora de Su Eminencia, pero tales descalificaciones se podrían aplicar también a la inmensa mayoría del pueblo cubano, acostumbrado a mirar temeroso hacia otra parte en presencia de un acto de valentía cívica o de la acción de las fuerzas represivas contra ciudadanos indefensos; sería interminable la lista de experiencias de los que pueden atestiguar sobre esto, tanto dentro como fuera de Cuba.
Por otra parte, los que hoy descalifican a la Iglesia como mediadora parecen olvidar cómo a lo largo de todos estos años, aun cuando la mayor parte de los cubanos aplaudían (mos) ante los discursos y las tribunas, cuando tener creencias religiosas era un imperdonable tabú, cuando los religiosos de cualquier tendencia eran excluidos y condenados y cuando la sociedad toda avanzaba galopante hacia la pérdida de valores morales y humanos, la Iglesia Católica fue un reducto de solidaridad entre cubanos de fe sincera, un espacio de conservación de los mejores valores, una verdadera colmena donde nunca se detuvo el trabajo por la familia, por la cultura cubana y por sostener sus principios de virtud en condiciones muy adversas. La Iglesia Católica cubana fue un foco de resistencia contra el totalitarismo comunista de esta dictadura desde el principio mismo, antes que cualquiera de los partidos opositores que hoy conocemos, y fue tolerante e inclusiva cuando en la sociedad cubana se imponían la intolerancia y la exclusión. Muchas parroquias han sido portadoras del discurso de resistencia que pocos se atrevían a escuchar y mucho menos a decir; y se han erigido promotoras de numerosos espacios de instrucción, de intercambios sociales y académicos y de formación de valores. La Iglesia Católica ha estado trabajando callada y pacientemente por la reconciliación de los cubanos mientras el régimen –y otros– se han dedicado a enemistarnos. Negar esto sería, no solo una iniquidad, sino también una falacia.
Está claro que la Iglesia tampoco es una institución perfecta y no nos representa a todos en todo,que también ha cometido errores y hasta injusticias; pero también ha ofrecido sus espacios como un refugio en medio de las tempestades. Que lo digan si no las Damas de Blanco que acuden cada domingo a la iglesia de Santa Rita; que lo digan los cubanos que han encontrado en la Iglesia el apoyo, la caridad y la solidaridad que les faltaba, que lo digan los miles que se están congregando espontáneamente en las iglesias de Cuba para recibir en su peregrinación por toda la Isla a la Santa Patrona, la Caridad del Cobre, capaz de reunir, por su única condición de cubanos, a creyentes y no creyentes en la simple advocación del amor a Cuba. ¿Qué otra institución en este país sería capaz de ello? Yo no soy una creyente en lo absoluto; apenas soy una agnóstica formada en el más cerrado ateísmo, que ha logrado superar la negación y pretende ser justa. Y como deseo lo mejor para Cuba y para los cubanos, apoyo todo lo que ayude a derribar el muro.
Es por eso que pido a aquellos que hoy se oponen a la mediación de la Iglesia ( hablo de la institución, no de sus jerarcas) y que, además, la acusan de “traidora al pueblo”, “oportunista” y otros epítetos por el estilo, que mencionen las razones en que basan sus acusaciones y que expongan a la opinión pública, objetivamente, quiénes son los actores sociales que consideran suficientemente consolidados en Cuba, con el prestigio y el arraigo necesario para representar a una gran parte del pueblo cubano y cuáles son los programas de cambio y las fases de la transición que dichos actores proponen. Que digan los que se oponen al diálogo Gobierno-Iglesia Católica si creen que este pueblo ahora mismo puede delegar con pleno conocimiento de causa en cualquiera de los partidos opositores y de los grupos de sociedad civil independiente, más allá de la simpatía que pueda despertar nuestra lucha por la democracia. Pero, sobre todo, seamos realistas: la crisis cubana no se va a resolver en un corto plazo; una transición es un proceso largo y complejo al que se van sumando actores en la medida en que vayan ganando influencia y prestigio en la vida pública nacional. En lugar de pugnar por un puesto o por un premio, es momento de aprovechar los espacios que se abran y apoyar las acciones positivas que propicien los cambios para poder potenciar el discurso de los actuales líderes de opinión y el surgimiento de los nuevos, el nacimiento de nuevas ideas, de fuerzas cívicas y de propuestas amplias donde participemos todos (incluyendo a los que hasta hoy no han participado). Nadie piense que va a ser fácil; así pues, tampoco lo hagamos más difícil.
Agosto 27, 2010 at 15:50 · Clasificados en Sin Evasión

JJ durante su huelga de hambre en la que perdió más de 40 libras de peso
El pasado 24 de agosto de 2010, a su regreso del Arzobispado de La Habana a donde había sido convocado, Juan Juan Almeida depuso su huelga de hambre: su salida de Cuba estaba siendo ya gestionada. Finalmente salió, vía México, en la tarde del siguiente día (25 de agosto). Termina así otro de los dramas personales que provocan las absurdas disposiciones migratorias en Cuba, en las que cada cubano debe pasar por el odioso y humillante trámite de solicitar permiso de salida a las autoridades. Esta vez otro cubano que defiende su derecho acaba de ganar la oportunidad de ejercerlo; me regocijo por eso.
Debido a lo extenso y complejo del tema me gustaría dejar para otra ocasión la propuesta de un debate en torno a esa veleidosa y secreta institución que responde al nombre de Dirección de Inmigración y Extranjería, donde ciertos uniformados –incluso con engañosa apariencia humanoide– dictaminan si se autoriza o no la salida de la cárcel–país a cualquier infortunado que haya cometido el desventajoso desliz de haber nacido en ella. Si el insecto en cuestión (categoría que enuncio tomando en cuenta lo que sugieren las circunstancias y no para ofender a ninguno de mis compatriotas que, como yo, están sujetos al mismo oprobioso torniquete), o sea, si el cubano que pide permiso, tiene la agravante de pertenecer a la lista negra previamente elaborada desde las alturas, en la cual se enumeran con nombres, apellidos y número de inventario (léase, carné de identidad) aquellos sujetos altamente tóxicos que tienen prohibido de manera terminante salir de aquí, debe irse despidiendo hasta de la simple idea de que exista el mundo más allá de los límites geográficos de Cuba, y solo puede esperar un milagro… o hacer que el milagro ocurra. Todos sabemos eso.
Por ahora solo voy a hacer referencia a los comentarios que provocara mi post del pasado 17 de agosto (Para romper un estigma) y agradecer a los lectores que participaron en el mismo por su sinceridad. A sugerencia de algunos lectores he colocado una fotografía de JJ durante su huelga y que bajé de Internet; podrán apreciar la diferencia entre una y otra al compararla con la que coloqué anteriormente.
Creo que tanto ustedes como yo hemos comprobado en dicho debate –que estuvo matizado por los más diversos criterios a veces encontrados, contrapuestos y hasta marcadamente polarizados– cuánto rencor han sembrado entre nosotros estos 50 años de dictadura y cuánto nos queda por discutir y echar fuera de nuestros espíritus para encontrar la reconciliación, cimiento necesario para la Cuba que tanto soñamos.
Debo agradecer también que todos los criterios, tanto los que estaban a favor de solidarizarnos con un cubano más (no “con el hijo de alguien”) como los que eligieron su condena moral, me ayudaron a afianzarme con más convicción en el principio de concordia que me anima: todo cubano que defiende pacíficamente su libertad y sus derechos contra este régimen cuenta con mi respeto, solidaridad y simpatía, con independencia de su origen, credo e ideología. Nada va a lograr que me asemeje a aquellos que han sembrado la intolerancia y la desconfianza entre nosotros.
En otro plano del asunto, he percibido que algunos lectores se han sentido personalmente aludidos cuando utilicé el calificativo de “necios”. Si releen aquel texto quizás comprendan que lo aplico a individuos con los que tuve un diálogo personal y directo sobre el tema y no a los lectores. Curiosamente, éstos son sujetos que disienten de este gobierno e incluso son aspirantes a emigrar. Ignoran así que, de la misma injusta manera en que le negaban a JJ su salida, podrían negársela a ellos, sin más contemplaciones y sin derecho a reclamo y seguramente entonces querrían apoyo. Sigo pensando que es una necedad mirar para otra parte cuando pisotean los derechos de otro cubano; necedad que ha sido un buen servicio a la dictadura que hábilmente estimula la discordia para campear a su antojo. Ocurre que demasiada gente reclama de otros lo que no son capaces de hacer ellos mismos: querían que JJ hiciera algo por “patriotismo” y no por un asunto “personal”, y hasta sugerían que debía echarse al mar con una balsa (cosa que ya había hecho, por cierto, y fue atrapado en el intento e internado en Villa Marista), como si tal arrojo, por sí solo, clasificara como “acto patriótico”. Que me perdonen los que esta vez se sientan aludidos, pero nadie emigra por patriotismo, por muy legítimo que sea el derecho a irse de este infierno. Tampoco permanecer en Cuba supone patriotismo. En mi caso, nunca he deseado irme definitivamente de mi país –asumo que sería más práctico que se fueran los que lo han llevado a la ruina– pero jamás he sentido que esa decisión haga de mí una patriota o alguien mejor o peor que otros. “Patriota” es un título que, además, me produce cierto desasosiego: aquende y allende ha sido un término muy manipulado. Quizás, para recuperar la verdadera significación de la palabra sería interesante también definir alguna vez a qué estamos llamando “Patria”.
Por el momento, evito la palabreja “patriota” y a la vez me retracto de haber utilizado la expresión “necios” si es que va a traer disgustos innecesarios. Háganse de cuenta que nunca la escribí; sin embargo, la dejaré en el post original para que quede de testigo, no sea que algún suspicaz sugiera que hago trampas o elimino mis errores para renegar de ellos. Sepan que defiendo mis traspiés tanto como mis aciertos: ellos me hacen más humana. No escribo para complacer, pero tampoco pretendo ofender a nadie.
Deseo a Juan Juan, ahora mismo, muchas felicidades por haber logrado su objetivo (personal o no) y mis mayores deseos de que recupere la salud. Y a todos mis lectores –incluyendo algunos que de vez en vez portan el sospechoso tufillo del troll camuflajeado– que sigan en el ruedo. Gracias.
Agosto 24, 2010 at 15:56 · Clasificados en Sin Evasión

Borrachera al pie del monumento
Varios días atrás, leyendo esa sección de catarsis selectivas del periódico Granma que han dado en llamar Cartas a la dirección, llamó mi atención una queja que, bajo el título “Irrespeto inconcebible” (Granma 6 de agosto de 2010, página 13), enunciaba numerosos casos de profanación de estatuas y monumentos en nuestra ciudad. La misiva en cuestión citaba como ejemplos un monumento “en un pequeño parque de Línea y L” (Vedado) y un rincón martiano del parque de 13 y 74 (Municipio Playa), utilizados ambos como bases para los juegos de niños y adolescentes “ante la mirada impasible de todo el que pasa por allí”. El señor que suscribe dicha carta no pudo sustraerse a la tentación de citar el caso del marine borracho (él escribe “alcohólico”) que una vez profanara la estatua del Apóstol en el Parque Central y que fuera objeto de la indignación de los cubanos de entonces. Finaliza el preocupado escribidor de la carta exhortando a “tomar medidas apremiantes al respecto”.
Posiblemente, en medio de una navegación con tantas turbulencias como la que se vive en esta isla náufraga, yo hubiese olvidado por completo la queja de aquel sencillo cubano si no fuese porque en la noche del pasado sábado 14 de agosto, mientras me refrescaba del tórrido verano dando una lenta caminata por el malecón habanero, fui testigo de la profanación oficial, masiva y a todas luces sistemática del Monumento al Maine.
Muchos habaneros conocen que cada año en la popular zona conocida como La Piragua, ubicada en la extensa área que discurre entre la colina del Hotel Nacional y el Malecón, se organiza el “Plan Verano”, en virtud del cual –y para esparcimiento de los pobladores de una ciudad que no ofrece suficientes opciones recreativas al alcance del bolsillo común– se colocan numerosos chiringuitos donde se expenden comidas y chucherías, así como cervezas y otras bebidas alcohólicas. Por supuesto, no falta la música de diferentes denominaciones, que se mezcla atronando desde los altavoces. El público que se reúne allí es tan nutrido como heterogéneo; pueden encontrarse desde familias, con niños pequeños incluidos, hasta grupitos escandalosamente marginales, representantes de la chusma de la peor ralea; jineteras de tercera acechando potenciales víctimas; estudiantes latinoamericanos; motoristas que pertenecen a una especie de club, incluso con chalecos distintivos, motocicletas Harley Davison y muchachas decorativas: de todo hay en la viña del señor. Curiosamente, el ambiente se mantiene bastante tranquilo, cada sector social busca la vecindad de sus semejantes y se conserva la calma… Al menos hasta donde vi. Hay una fuerte presencia policial (que no es prudente dejar tanto rebaño solo), lo cual, de cierta forma, contribuye también al orden. Arriba, en la alta explanada de los jardines del hotel insignia cubano, los turistas extranjeros permanecen protegidos y distantes, sentados ante sus bebidas, mientras contemplan el zoológico tropical que se mueve a sus pies.
Pues bien, tal es el escenario en torno al Monumento al Maine, que se convierte así en la víctima propiciatoria de los excesos del populacho, pero también del irrespeto oficial, porque se dice (no lo pude confirmar) que justamente ese monumento fue elegido como tribuna para el lanzamiento del más reciente ladrillo del señor F –dizque un libro de unas 500 páginas, ¡solavaya! – y colocaron a un costado del conjunto escultórico todo un stand para la venta de esta y otras joyitas editoriales. No contentos con profanar un sitio erigido en memoria de víctimas inocentes (aunque fuesen norteamericanos, para su escarnio por parte de este gobierno), añadieron un par de pestilentes casetas metálicas (baños públicos), como para que la gente haga sus necesidades y evacúe sus vómitos en el sitio que recuerda a los muertos de aquella histórica explosión. El estanque del monumento que da el frente al Malecón, por su parte, es receptor de las orinas infantiles (y otras menos “tiernas”), del agua de lluvia acumulada y de los envases vacíos y otros desperdicios propios de los conglomerados humanos.
Como se puede apreciar, no es este un pueblo tan culto como el discurso oficial pregona.Quizás la prolongada estrategia de supervivencia ha atentado contra la civilidad con demasiada fuerza, pero de cualquier manera profanar lugares que deberían inspirar respeto es digno de vándalos, sean monumentos a próceres cubanos, a personalidades de la historia y de la cultura universal o a sencillos hombres norteamericanos. Esta afrenta tiene la agravante de que los autores no son un grupito de niños que, inocentemente, se entregan a sus juegos con la inconsciencia propia de la infancia y la adolescencia: es una ofensa premeditada y cuidadosamente planeada por los encargados de la propaganda oficial. Se trata del menosprecio y el odio acicateados desde el poder, aprovechando la ignorancia o la irresponsabilidad del vulgo: todo lo que se relacione con Estados Unidos debe ser demoníaco para los cubanos. Ni más ni menos. Me gustaría saber qué opina sobre esto el preocupado ciudadano que escribiera a la sección Cartas a la dirección, del periódico Granma.
Aquí les dejo las fotos que apoyan lo que escribo y que son más elocuentes que mis palabras.

Vista parcial de los chiringuitos frente al monumento

Vista parcial del stand de ventas de libros revolucionarios

Acumulación de basuras al pie del monumento

Casetas-urinarios al pie del monumento al Maine

Comiendo y bebiendo en la escalinata del monumento

Decoraciones alegóricas de paneles en torno al monumento

Vista del conjunto escultórico central del monumento

Ventas de comidas y bebidas en el área de La Piragua
Agosto 20, 2010 at 15:35 · Clasificados en Sin Evasión

Foto: Orlando Luis
En mi infancia era muy popular una canción infantil que aludía a un burro enfermo para cuyos males siempre había alguna solución. “A mi burro, a mi burro, le duele la cabeza: El médico le manda una gorrita negra…”, cantábamos los niños a coro; y así seguía la tonadilla, dando salida en sus estrofas a cada malestar del cuadrúpedo que acababa completamente curado. Nunca pensé que llegaría el día en que envidiaría sincera y categóricamente a aquel burro, porque pese a las difíciles condiciones de supervivencia que impone la realidad cubana, todo se hace relativamente “llevadero” hasta que te ves precisado a asistir a una consulta médica. Ahí es donde comienza la verdadera agonía.
Recientemente mi madre tuvo que acudir al consultorio (médico de la familia) debido a un persistente malestar de la garganta. Allí, tras hacer la cola de rigor, un galeno tan anciano como ella o algo más, le orientó un exudado –que debía realizarse en el hospital de Emergencias– en busca de alguna posible bacteria. Precavido, el doctor le indicó tabletas de tetraciclina “para tomar después del exudado”. Es evidente que el médico conoce la realidad del sistema cubano de salud. El exudado no se pudo hacer porque en el laboratorio del hospital “no hay técnico” ni se sabe cuándo lo habrá; “ve a ver si te lo quieren hacer en el Calixto García”. No quisieron, o no pudieron. Resignada, y sin un diagnóstico, mi madre completó su “tratamiento” tomando los antibióticos: se descompuso del estómago y todavía presentó por varios días molestias en la garganta. (A mi burro, a mi burro, le duele la garganta: El médico le ha puesto una corbata blanca).
Pero el suyo es apenas un caso menor. Cuando aquí se visita alguna consulta médica se descubren casos que espeluznan. Una señora que conozco personalmente llegó a cierto hospital con sensación de adormecimiento en un brazo y mucho malestar general, dolor de cabeza incluido; sin más, le diagnosticaron infarto cerebral. Alarmadísimos, sus familiares acudieron entonces a otro hospital, esta vez a través de un amigo médico, amigo de otro médico con influencias, etc. Fue solo entonces que, tras los exámenes de rigor, obtuvieron el diagnóstico certero: la anciana estaba incubando una virosis, tenía deprimido el sistema inmunológico y –además– estaba haciendo rechazo a los antihistamínicos que le habían indicado para tratar su alergia, de ahí el adormecimiento de los miembros. Mejoró en pocos días.
Recientemente supe de un caso extremo. Se trataba de un hombre, también anciano, con cáncer de pulmón en fase terminal, a quien no le aplicaban oxígeno “para que no creara dependencia”. Falleció en pocos días; lo cual era inevitable, solo que pasó una agonía atroz. No estoy autorizada tampoco a citar esta fuente, pero se trata de un caso de la vida real, de mi propio municipio (Centro Habana). Este humildísimo anciano y sus familiares no tenían ningún “padrino” a quien encomendarse. Podría escribir aquí páginas enteras de ejemplos por el mismo corte, hasta hacer colapsar este sitio web.
Sé que muchos lectores también podrían poner ejemplos de irresponsabilidad, mala atención, falta de recursos y diagnósticos errados que se producen en todas partes del mundo, solo que aquí se están convirtiendo en lo cotidiano, sin que tengamos la oportunidad de hacer el menor reclamo ni optar por “otro servicio” debido al carácter “igualitario” y centralizado del sistema. La verdad es que en Cuba ya no se puede estar seguro de recibir buena atención médica –salvo escasas y honrosas excepciones– si no se cuenta con la correspondiente “recomendación”. Casi siempre, de concurrir a consulta por los canales establecidos, los médicos se ven imposibilitados de hacer los exámenes que exige un diagnóstico exacto; otras veces logran diagnosticar, pero puede ocurrir que en las farmacias no cuenten con el medicamento correspondiente, o se expende solo en CUC, a precios prohibitivos para el bolsillo de un cubano común. Como resultado de tantos albures, muchos prefieren no acudir inútilmente al médico y tratan de “resolver” con cocimientos de la medicina tradicional y con oraciones, no siempre lo suficientemente eficaces, como se comprenderá. Tales son nuestras costosísimas gratuidades.
En la Cuba de hoy, el total deterioro del sistema se ensaña de la manera más escandalosa en hospitales, policlínicos, consultorios y farmacias. A la ya habitual insuficiencia de recursos ¬–que se atribuye siempre al omnipresente “bloqueo” – y a la eterna falta de medicamentos en las farmacias de moneda nacional, se añade la escasez de personal médico o la dudosa capacidad de algunos de los que todavía no están “de misión” o como “colaboradores” (que no es lo mismo) en algún barrio venezolano, en cualquier selva remota o en un valle perdido de los Andes. Los noticieros de TV y la prensa oficial abundan en ejemplos de los milagros médicos que operan los cubanos por otras tierras. Al parecer, cuando se trata de cubanos, cualquier lugar es bueno para ejercer la medicina y para encontrar solución a los males de la salud… Cualquier lugar, excepto Cuba. (A mi burro, a mi burro, ya no le duele nada. El médico le manda jarabe de manzana. ¡No me digas! ¡¿De manzana…?! ¡Ja, ja!)
Agosto 17, 2010 at 15:19 · Clasificados en Sin Evasión

JJ Almeida en la graduación de la Academia Blogger
Hace poco más de 60 días Juan Juan Almeida entró en huelga de hambre. La suya es, de cierta forma, la más solitaria de las huelgas. Cierto que muchos bloggers y otros amigos hemos estado al tanto de su estado y hemos seguido su larga saga en pos de una autorización de salida que le permita atenderse una severa dolencia de salud cuyo tratamiento no es posible aplicarle en Cuba; cierto es también que varios sitios digitales han publicado sus peripecias (detenciones incluidas) presionando constantemente a las autoridades y exigiendo su derecho a viajar, a reunirse con su familia y a seguir el tratamiento correspondiente a su enfermedad, pero de cualquier manera la opinión pública no se ha movilizado aún lo suficiente.
Meditando sobre la encrucijada en que se encuentra Juan Juan, pienso en lo difícil que resulta su caso y en los estigmas que lo lastran a la hora de concitar la solidaridad que tanto necesita. Primero, porque su lucha, al insertarse en las cotas de un drama personal, carece de los ribetes heroicos que la solidaridad tradicional demanda; su disputa, dicen algunos necios, no es por Cuba y los cubanos, sino para resolver su problema particular. Porque no acabamos de descubrir que el suyo es el drama de cualquier cubano y, por tanto, el de todos. Segundo, porque los medios de prensa internacional más famosos y de mayor alcance prestan atención a aquel cuyo largo bigote o cuya cantidad de perforaciones en el cuerpo mereció un record Guinness, pero no a la tragedia de un hombre solitario que acude a un recurso desesperado para defender el derecho a salir y entrar libremente en su propio país. Tercero, y su mayor estigma, porque JJ –como lo llamamos muchos– es hijo del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, lo que conlleva un fuerte prejuicio: siendo así, es “de ellos”, gozó de beneficios y privilegios que no tuvo la mayoría de nosotros y, por tanto, “merece lo que le ocurre”. Un patrón que se ha repetido varias veces cuando he expuesto en algunos círculos de amigos el dilema de JJ, como si ser nacido de alguien en particular entrañara un maleficio, como si para cada uno de nosotros nuestros padres no fueran siempre queridos y queribles, o como si la casualidad de no pertenecer por derecho de cuna a los ungidos nos otorgara algún certificado de pureza moral y nos colocara por encima de “los hijos de alguien”.
Por mi parte, pienso que precisamente su origen hace más difícil su lucha que la mía. Su ruptura ha sido mayor y también es superior el costo de su osadía. Desde mi vertical disidencia no he perdido, sin embargo, ni un solo amigo (más bien he ganado muchos amigos nuevos); no he tenido rupturas o resentimientos familiares, nadie me separa de los míos (de los vivos o de los muertos) y no he sufrido rechazo alguno. No ha sido éste su caso.
Yo prefiero ver a JJ de otra forma: no como al privilegiado que no es, sino como a otro de mis compañeros de ruta. Elijo despojar de nombre y pedigrí a este hombre y ver al ser humano que carece de los mismos derechos que carecemos todos en la Isla –y hasta algunos fuera de ella–, incluyendo ese derecho supremo que es la Libertad. Este es un hombre enfermo que, gracias a muchos amigos que lo quieren (y no a la revolución, que por alguna razón lo detesta… Y ya eso lo hace bueno a mis ojos), tiene la posibilidad de mejorar su salud fuera de Cuba, pero el gobierno le impide viajar y lo condena así a morir. Este es un hombre impedido de reunirse con su esposa e hija por haber cometido el increíble pecado de escribir un libro donde dice lo que sabe, lo que cree y lo que opina sobre ciertos temas incómodos para la oligarquía guerrera, dueña de los destinos de todos. Yo elijo solidarizarme con este ser humano al que reconozco muchísimos gestos de solidaridad hacia otros y hacia nosotros, los desobedientes, con los que ha echado su suerte.
Desde el 10 de agosto de 2010 Juan Juan Almeida ha sido hospitalizado en La Habana. Su salud se ha deteriorado y su cuerpo se ha debilitado por el largo ayuno. Su demanda, salir de Cuba, ha dejado de ser un reclamo individual, aunque el propio JJ no tenga pretensiones de líder o de bandera: es hoy el reclamo de un derecho de todos los cubanos. No le dejemos solo.
Agosto 12, 2010 at 15:18 · Clasificados en Sin Evasión

No te aferres...
Por unos momentos, mientras miraba atónita a la pantalla de mi televisor, supuse que de alguna parte saldrían unos paramédicos y, camisa de fuerza mediante, sacarían definitivamente al decrépito orate de la escena, tal como ocurrió años atrás con Bourguiva en el lejano Túnez. Era el sábado 7 de agosto último, y me costaba creer que el señor F, en alocución pública y transmitida en vivo, se dirigiera al Parlamento cubano en pleno para (des)hilvanar la mayor avalancha de disparates que jamás hubiese espetado, con total desparpajo y sin que uno solo de los presentes se atreviera siquiera a carraspear. Tras medio siglo de absurda y vívida irrealidad, no acabo de perder la capacidad de sorprenderme.
Confieso que –muy a mi pesar– sentí pena; de esa que llaman “pena ajena”, la que se sufre en presencia de la magnificación del ridículo que hacen otros. Imagino también la incomodidad que sentirían los más lúcidos de aquellos espectadores (diputados, les dicen) al fingir que tomaban en serio los bochornosos desatinos brotados de un cerebro ya demasiado deteriorado. Encima, a muchos de ellos les quedó desvergüenza suficiente para aplaudir, hacer preguntas y hasta adular al orador. Fue la mayor farsa que haya visto jamás. Sin embargo, a pesar de las exageradas muestras de sumisa adhesión (o quizás precisamente por ellas), nunca me pareció F tan solitario y desvalido.
Solo en los primeros minutos el locuaz octogenario se las ingenió para referirse a “los soviéticos” (que “están trabajando” para evitar la conflagración nuclear que se avecina) y a la “Unión Soviética” (que tiene actualmente serios problemas con los incendios forestales), con una convicción de presente como si no hubiesen transcurrido veinte largos años desde el desmerengamiento de aquel engendro socialista llamado URSS. Los desatinos del anciano se sucedían uno tras otro con absoluta impunidad. Así, F incluyó novedades científicas como que “La evolución comenzó hace aproximadamente 4 mil años…”, o que “Hace 18 mil años solo había fuego en la Tierra…” y hasta alguna que otra sabia advertencia: “Ya sabemos que el sol se va a acabar un día…”. Mi ansiedad crecía a medida que transcurría el tiempo y comencé a morderme las uñas, pero no aparecieron los paramédicos con una salvadora camisa de fuerza. Definitivamente, esta vez F no solo era víctima de su proverbial arrogancia… era obvio que algunos sectores de la cúpula tenían particular interés en exponer públicamente este despojo parlante.
No pude resistir la pena y apagué mi televisor, convencida de que este país está enfermo. Desde entonces me embarga una sensación extraña que se mueve entre la vergüenza, la impotencia y el enfado. Por primera vez excuso (a medias) a F por lo que ahora está ocurriendo: él no es más que un anciano que padece de incapacidad mental para discernir críticamente entre la realidad y sus propios desvaríos. Quizás ya no tenga lucidez siquiera para pagar por sus numerosos crímenes. Pero aquella enorme sala estaba repleta de otros culpables; allí estaban el Presidente de este país y el Presidente del Parlamento, allí estaban los más de 300 diputados e invitados de ocasión, todo un hato de estafadores que siguen medrando a la sombra de los beneficios que reciben por sus cargos simbólicos o por sus méritos como participantes activos en el hundimiento de Cuba, mientras la sociedad se sumerge cada vez más en la peor de sus permanentes crisis. Ellos serán también responsables por lo que ocurra en lo adelante.
¿Qué intereses se mueven tras este lamentable teatro y qué estrategia perversa es capaz de apoyar un sainete como el orquestado el sábado 7, aun a riesgo de provocar mayor inestabilidad de la que ya vivimos? Solo ELLOS lo saben, pero sospecho que hoy tenemos más motivos de alarma que de risa. Si los bandos que se disputan el poder en Cuba se dividen entre un engañoso y tardo reformador y un enajenado druida con manías mesiánicas, estamos listos. Entretanto, la Isla se balancea sin timonel y sin mando. ¡Cuánto hubiese dado yo esa mañana de sábado por que, ya que los cubanos no contamos con un verdadero Parlamento, al menos hubiésemos tenido algunos paramédicos tan oportunos y eficientes como los de Túnez!
Fotografía de Orlando Luis
Agosto 6, 2010 at 16:07 · Clasificados en Sin Evasión
Hace tiempo quería hacer una pausa para aclarar algunas dudas de varios comentaristas a este blog; una práctica que me gusta mantener, pero que no puedo ejercer con la frecuencia que quisiera debido a mi limitadísimo acceso a Internet. Voy a explicarles, porque mis lectores lo merecen, cómo procedo generalmente para colocar los post, hacer los enlaces, leer los comentarios o responder la correspondencia; así como mi “política de censura”. Han saltado algunos criterios que pudieran confundir y a mí me gustan las cuentas claras.
Algunos lectores creen que el bloqueo a nuestras páginas es un mito. Pues bien, los sitios Desde Cuba y Voces Cubanas, la más antigua y la mayor plataformas de la blogósfera alternativa de la Isla, respectivamente, sí están bloqueados desde aquí por el gobierno, por lo que no es posible acceder a ellos desde dentro de Cuba, a no ser que se utilice un lugar con salida directa al satélite o se haga un rodeo a través de un proxy anónimo desde un sitio público. Yo puedo acceder esporádicamente, cuando algunos amigos solidarios me ofrecen un tiempo donde existe la primera variante (salida directa, sin pasar por los filtros de Cuba), caso en el que yo misma administro la página y trato de actualizar los post, revisar los enlaces y responder algunos mensajes; o las ocasiones cuando me permito la compra de una tarjeta para conectarme desde un sitio público (un hotel generalmente), caso éste en que puedo leer mi página y los comentarios (con el uso del proxy anónimo) pero no puedo administrar mi blog. Siempre que entro procuro aprovechar al máximo el breve tiempo del que dispongo, así que suelo llevar ya redactados en una memoria flash los trabajos y hasta algunos mensajes de respuesta a los que me escriben, e igualmente descargo los comentarios para leerlos con tiempo en casa. Es así de primitivo el procedimiento, lo que explica la lentitud y es por eso que no puedo actualizar mi blog con mayor frecuencia.
Otra variante que aplico es apelar a un ángel de la guarda que me ayuda: una cubana que vive fuera y que tiene el password de mi blog y toda mi confianza. Ella ha sido un verdadero apoyo desde poco tiempo después del inicio de este blog y dispone de mayores posibilidades para subirme los trabajos cuando solo puedo usar mi cuenta de correos, por la que le envío los post y las fotos. A veces ella misma me busca las fotos en Internet. Esta amiga imprescindible es también la que “patrulla” el sitio para eliminar las groserías e insultos vulgares que en algún momento –como recordarán algunos de los más antiguos lectores– llegaron a contaminar mucho el sitio, tal como le pedí que hiciera. Nunca he eliminado el comentario de alguien por el simple hecho de discrepar conmigo o por tener una postura política diferente. No excluyo ni siquiera a los defensores del sistema. No me parece democrático, la verdad, ni creo saludable censurar a nadie en tanto mantenga una actitud de respeto. Eso sería incoherente con el espíritu de pluralidad que defiendo. Si alguno de ellos (o de otros) tiene quejas por lo que cree una intencionada omisión de sus criterios, sepan que no dispongo de tiempo de conexión suficiente para dedicarme a colocar filtros y tampoco he revelado nunca (ni lo haré) la identidad de los comentaristas; para mí es un asunto estrictamente ético. Pediré a mi amiga y “ciber-madrina” que revise esos detalles en cuanto pueda, porque ella también tiene que trabajar para vivir y atiende este blog arrancándole las horas a su descanso y a su familia. Les pido, pues, comprensión y paciencia.
Alguien critica mi ausencia de participación en los comentarios. Esa es una elección que hice porque, en mi calidad de anfitriona, prefiero decir en los post mis criterios y dejar el espacio de los comentarios a los lectores sin interferir en el debate, a fin de no imponer mi presencia o abusar del privilegio que me otorga la titularidad del sitio. Cuando he creído oportuno insistir en un tema o aludir a los comentarios (como en este caso), he optado por colocar un texto aparte y explicar mis razones, que es la forma que tengo de hablar con todos ustedes a la vez, aunque a veces por diversas causas he particularizado con algunos y les he escrito mensajes directamente a sus direcciones de correos.
Por último, tienen razón los que opinan que quizás yo tengo otras ocupaciones, no solo atender el blog. Tengo una preciosa familia que atender (mi prioridad número 1), hago de guía de turismo independiente para ganar algún dinero de vez en vez, leo e investigo mucho y estoy escribiendo un libro de ficción para adolescentes, un viejo proyecto que quiero terminar en aproximadamente un año o año y medio y que es más complicado de lo que creía. No obstante, mi escasa presencia en Internet de debe al poco acceso. Disfruto mucho el tiempo que comparto con mis lectores; espero que llegue el día en que tener mi conexión en casa deje de ser un sueño. Gracias por venir a buscarme, por exigir más de mí y por su paciencia. Un abrazo,
Eva-Miriam
Agosto 3, 2010 at 15:30 · Clasificados en Sin Evasión

De todo el abultado calendario litúrgico de la revolución cubana, el 26 de julio ha constituido durante medio siglo la fecha por antonomasia. Más relevante aún que el 1ro de enero (día del triunfo de la guerrilla de Castro y de la instauración de una revolución condenada al fracaso), la primacía de la conmemoración del asalto al cuartel Moncada, pese a las numerosas muertes que provocara en 1953, devino evento festivo nacional que subordina de un plumazo la importancia de cualquier acontecimiento histórico de la Isla a la tentativa de un golpe de Estado dentro de otro: violencia contra violencia, la fuerza de las armas, la guerra civil.Con el paso del tiempo el acto central conmemorativo de la fecha devino también “premio político”, al otorgarse la sede de tan magna celebración a la capital provincial “ganadora” de una “emulación socialista”, cuyas bases nadie conoce, o nadie recuerda, pero tampoco a nadie interesan porque –como es sabido- se trata de una designación que responde en realidad a intereses coyunturales del gobierno y no a supuestos méritos o logros de este malogrado sistema.
El 26 de julio de 2010, sin embargo, ha venido a marcar la diferencia, porque esta vez converge en la fecha una sucesión de eventos que alteran la habitual monotonía del ritual. Santa Clara, ciudad sede en la que –como en el resto del país– no se produce nada, fue el escenario, esta vez ganado no por el “sostenido trabajo y los extraordinarios logros económicos y sociales” de sus pobladores (tan apáticos y desesperanzados como cualquier cubano de toda la geografía insular), sino –paradójicamente– por la prolongada huelga de hambre y sed que sostuviera el disidente Guillermo Fariñas desde su cama del hospital provincial, a favor de la liberación de los presos de la Primavera Negra. La formidable solidaridad que despertó Fariñas y los muchos comentarios que circulaban sobre el sorprendente acontecimiento de este cubano capaz de sacrificarse y poner en riesgo su vida por la libertad de otros, eran motivos suficientes para llevar una inyección de ideología oficial a la ciudad: El Acto Central del 26 fue, pues, una cortina de humo para demostrar que Santa Clara no era casi una especie de plaza moralmente sitiada por la disidencia, sino un bastión de revolucionarios fieles al espíritu del Moncada.
Este 26 estuvo signado por el inicio de la liberación de los presos políticos y de conciencia, por la sensacionalista reaparición pública del señor F. cual celosa vedette venida a menos que ve perdido el escenario y trata de sustituir con exagerado colorete su falta de frescura, por la publicación de una saga de predicciones sobre un inminente holocausto nuclear, por el pertinaz silencio del General Raúl Castro solo quebrado recientemente por su breve discurso de clausura (1ro. de agosto) del correspondiente período de sesiones de la Asamblea Nacional, y por una nueva sustitución de ministro –esta vez el de salud pública–, hecho éste que puede significar lo mismo discapacidad para mantenerse en el cargo que “tiradera de toalla” en medio del ring en que parece estarse librando la mayor contienda del momento: la cúpula de poder.
Para hacer más diferente aún la efemérides, el Presidente cubano guardó también enigmático (o conveniente) silencio en el acto central de Santa Clara: no solo omitió el habitual discurso en que suelen hacerse balances y promesas que nunca se cumplen –quizás evitando tener que pronunciarse sobre la liberación de los “despreciables mercenarios al servicio del Imperio”, sobre la súbita salida a escena de un personaje que ya no está oficialmente en el reparto o sobre un eventual plan contingente gubernamental para enfrentar las consecuencias de la “guerra nuclear” que se nos avecina–, sino que pasó la pelota nada menos que a Machado Ventura, célebre por su apego al inmovilismo de la llamada línea dura comunista y por sus posiciones marcadamente dogmáticas de viejo sello estalinista. Fue, para muchos, como lanzar un chorro de agua fría en una pista caliente. Todo el mundo “se quedó en eso”, “con ganas de aquello”, o como se decía en los años de mi primera juventud, “nos dejaron como a la novia de Pacheco”.
En fin, que este 26 de julio transcurrió como si existieran dos Cuba; o, mejor dicho, dos gobiernos en una sola Cuba: uno fantasmagórico y alucinante, donde un viejo espectro anuncia el fin del mundo mientras coloca ofrendas a los muertos que él mismo causó y designa quiénes se salvarán del cercano holocausto (como ocurrirá, por ejemplo, con Lucius Walker y sus caravaneros); mientras otro gobierno, quizás más terrenal o cercano a la realidad, se dedica a negociar en secreto con instituciones cubanas y extranjeras, a liberar prisioneros, a ignorar las fantasmagóricas apariciones de F y a sustituir funcionarios. De cualquier manera, esta dualidad solo consigue hasta ahora acentuar la impresión de caos. La presencia de F interfiriendo en asuntos de Estado que -si nos atenemos a la letra- solo deberían corresponder al Gobierno y a sus instituciones, resulta incoherente y dañina, en estos momentos más que nunca; es una completa aberración. Cuba está urgida de definiciones realistas y no de delirios para enfrentar la coyuntura más difícil de los últimos 50 años. De la inteligencia y habilidad política con que se encaren estos tiempos depende el futuro de todos, porque está visto que nuestro verdadero Holocausto lo tenemos dentro.
Julio 27, 2010 at 15:40 · Clasificados en Sin Evasión
Una nueva subida de precios, no anunciada en los medios, se ha venido produciendo silenciosamente, tanto en algunos productos que se adquieren solo en CUC como en otros, que se comercializan en pesos corrientes. “Silenciosamente” es una manera de decir, porque a veces los incrementos de precios sobre el valor anterior corresponden escandalosamente a un 20% o más. Es decir, a las habituales tácticas de robo aplicadas directamente por el comerciante sobre el consumidor, y que se asocian fundamentalmente a la violación de peso y de precios, por solo mencionar las más comunes, se añade –una vez más– la multa “legal”, mediante la cual el Estado dueño se atribuye el derecho de alterar a su arbitrio los precios de algunos productos que considera “superfluos” o que no considera entre los llamados “de primera necesidad”.
Fue, pues, una sorpresa para “los consumidores” (odio la palabreja que, por otra parte, trata de disimular su verdadero significado: consumidos) de varios establecimientos comerciales carnicerías de la ciudad de La Habana, cuando por estos días descubrieron que la libra de queso fundido, de uso frecuente en los hogares cubanos para servir con los espaguetis en sustitución del inaccesible parmesano, había subido de 20 a 25 pesos, sin explicación y sin previo aviso, mientras algunas carnicerías “especializadas” que vendían el jamón visking a 30 pesos la libra lo han elevado a 35. Todo esto en un país tropical donde solo el precio de un mango puede fluctuar entre 5 y 7 pesos en los mercados agropecuarios y un aguacate mediano, en plena temporada, cuesta hasta 15 pesos. Recordar que el promedio salarial en Cuba es de unos 300 pesos corrientes, 12 CUC al cambio oficial.
Sin embargo, es en las tiendas recaudadoras de divisas donde se ha producido un mayor incremento de precios, esta vez en productos indiscutiblemente de primera necesidad, como el aceite, el papel higiénico o el jabón de baño. Generalmente tales “multas” se producen con solo días de diferencia y suelen estar antecedidas por la súbita “desaparición” del producto en cuestión por períodos de tiempo, lo suficiente como para crear una discreta expectativa y un aumento de la demanda. Ejemplo de esto es el socorrido picadillo de pavo, uno de los productos estadounidense incorporados en los últimos años a la red de comercios en CUC, que goza de gran popularidad debido a su precio, relativamente módico, a la versatilidad que permite en la precaria cocina cubana y a su buena calidad. De las tres variedades de este producto que se han venido comercializando, la de mayor demanda es una que se presenta en un paquete de 400 gramos y que hasta hace poco costaba 1 CUC. Después de varios días de desaparición de los comercios, ha vuelto a presentarse, esta vez a 1.35 CUC en tiendas como Yumurí (antigua Casa de los Tres Kilos, en la céntrica esquina de Belascoaín y Reina), aunque en otros, el incremento ha sido más moderado: 1.20 CUC.
La gente se pregunta cuándo se detendrá esta vertiginosa carrera monetaria del Estado a expensas del bolsillo popular en un país económicamente arruinado, en el que los salarios son puramente simbólicos y donde, además, ya ha comenzado una alarmante ola de despidos, aquí rebautizados bajo el eufemismo de “racionalización de plazas” que dejará aproximadamente a un millón de trabajadores “disponibles”. Nadie se explica cómo se pueden encarecer cada vez más los productos que se obtienen comerciando de un vecino tan cercano como Estados Unidos, los que se presentan en el mercado minorista con precios similares a los importados desde China o Viet Nam. Está claro, sin embargo, que la desesperación del gobierno ante la falta de capital, se revierte sobre los escasos ingresos populares y, a mediano plazo, coadyuva a estimular el mercado negro, la corrupción y el delito dentro de Cuba. Es por eso que en esta Isla, nuestros hijos conocen de contrabando antes de distinguir las primeras letras, porque solo el comercio ilegal es fuente posible de supervivencia.
Julio 22, 2010 at 15:26 · Clasificados en Sin Evasión

Foto: Orlando Luis
En esta Isla donde hasta las noticias circulan de contrabando, hemos venido asistiendo a una suerte de misa espiritual que trae nuevamente a la escena pública el espectro político del ex presidente, el señor F. No es casual que tantos paseos públicos se produzcan a raíz del inicio de la liberación de los prisioneros políticos de la Primavera Negra que aún permanecían en las cárceles del régimen y mientras Guillermo Fariñas era noticia en los más importantes medios de prensa internacional. Sabemos que la arrogante vanidad de F. no soporta ser tan abrumadoramente desplazado y, dado que sigue teniendo sus mañas de viejo marrullero, decidió explotar el sensacionalismo de su imagen de fantasma trashumante y de eterno “Jefe de Estado” que pone a un lado a su inútil hermanito menor cada vez que se le antoja, para tomar las riendas del poder en sus propias y “eficientes” manos. Pero sospecho que hay algo más, que desconocemos, detrás de este histrionismo renovado: algo sórdido, torcido y definitivamente tenebroso, así que habrá que seguir las señales, de la misma forma que el naturalista detecta las especies del bosque guiándose por sus excretas. Sobre todo ahora, que las clásicas cantinfladas de las Reflexiones se han convertido en una versión libérrima de La Atalaya y nos vienen anunciando el Armagedón, con fechas fijas incluidas. Los ancianos enfermos tienen la tendencia de proyectarse.
Pero, no se alarmen mis lectores, este post no se trata de un psicoanálisis de F., al que ya mi conciencia le aplicó, tiempo ha, la extremaunción. Se trata ahora solo de algunas inquietudes de tipo legal que me rondan la cabeza y me confunden… Y es que yo insisto en ser una ciudadana en un país en el que la Constitución es papel mojado por las propias orinas de los que la crearon.
Así, pues, me pregunto: si el señor F. no es ya el presidente de Cuba, si no ocupa ningún cargo en el Consejo de Estado y solo conserva el de Primer Secretario del PCC (en franca violación de los estatutos de esa organización, habida cuenta de que no ha sido ratificado porque el Congreso en el cual debería “votarse” lleva ocho años de retraso); repito, si él no es legal y oficialmente nada ni nadie en este país, ¿en virtud de qué autoridad se atribuye el derecho de ordenar planes de investigación económica a especialistas que –al menos en teoría– tienen ya sus propios proyectos que cumplir en función de una Institución que les avala y les paga?; ¿qué nación latinoamericana le pidió a F. un plan económico salvador, a elaborarse en solo 10 días, cuando ha sido precisamente este señor el artífice exitoso de la ruina económica de Cuba en los últimos 50 años?; ¿cómo es posible que imparta orientaciones a funcionarios del cuerpo diplomático cubano en el exterior, en función de una guerra que ha estallado solo dentro de su propio magín?; ¿dónde está el Presidente cubano, que no se ha pronunciado en ningún sentido, mientras el caudillo fundador de este desastre anda tratando infructuosamente de sembrar el terror en la opinión pública nacional? (Aquí la gente le tiene más miedo al hambre real que a una conflagración nuclear imaginaria).
En fin, que si fuéramos a ser civilizados y respetar nuestras propias leyes, siguiendo el discurso que nos han venido embutiendo, deberían tomarse medidas legales contra este impostor que usurpa los poderes de nuestro legítimo Presidente, democráticamente ratificado en esa responsabilidad en 2008 por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hay que enjuiciar a este saboteador, que anda creando desestabilización en las instituciones, alteraciones en la disciplina laboral de nuestros trabajadores (el Acuario Nacional no trabaja de noche) y propiciando un clima de pánico en la población al anunciar el fin del mundo para el próximo 8 de agosto, justamente cuando el pueblo trabajador debería estar gozando de un merecidísimo descanso.
Next entries »